martes, septiembre 12, 2006

Mi madre y los móviles

Cuando el "boom" de los móviles, todo el mundo de mi casa nos hicimos con uno para mantenernos en contacto. Mi padre tenía desde hace años, desde aquellos primeros ladrillos que no sabías muy bien dónde meterlos. Mi madre fue la única que decidió no hacerse con un móvil, a pesar de que en mi casa podía elegir uno de los muchos números que están sin usar, y en principio estaban destinados para los coches.
Todos le decíamos que se acostumbrara a llevarlo y ella no nos hacía ni caso. Así es que a veces se va, bien sea a la compra o donde quiera que vaya, y si tarda en aparecer no conseguimos ponernos en contacto con ella.
Sólo cuando se van de viaje, mi padre le da un móvil, le dice siempre que lo lleve en el bolso. Siempre es el mismo número. Así que cuando recibo llamadas de ese número sé que mis progenitores están de viaje y/o vacaciones.
Al no querer llevar móvil mi madre no controla cómo va. Sólo sabe llamar. A veces lo lleva encima sin haberlo cargado y por lo general se le termina apagando. Yo no sé lo que hace, siempre que llamo a ese número está apagado, aunque me haya llamado cinco minutos antes.
Y lo mejor de todo es que cuando tiene el móvil en su posesión no para de llamar.

El ejemplo es hoy. He tenido examen esta mañana. Como había dormido pocas horas, después me he tumbado y, lógicamente, me he quedado dormida. Sabía que mis padres llegarían a media mañana, como ellos saben que no puedo quedar con ellos tanto como quisiera. Entre sueños he empezado a oír mi móvil, que no paraba de sonar. Llamada tras llamada, y pensaba con los ojos semicerrados: "Son mis padres, luego llamo". A las 3 de la tarde me he levantado porque estaba harta de escuchar tantas veces la melodía de "El exorcista". Creía que tendría llamadas alternas de mi padre y de mi madre. Pero no. Había 9 llamadas perdidas desde el número que usa mi madre en estas ocasiones. He debido de abrir los ojos en plan incrédulo. 9 llamadas, que se dice pronto.
Me he despejado un poco y he llamado. "El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura"... como no podía ser de otra manera. Y he esperado a que volviera a llamar. Por supuesto, no ha tardado mucho, y después de tanta llamada, estaba preocupada por mí, pensaba que me había pasado algo. Le he explicado que no, que estaba bien. Me ha dicho que si iba a comer con ellos. El caso es que este tipo de comidas implica comer con varios matrimonios que no paran de hacer preguntas. He declinado la oferta.
Me ha dicho que entonces ya nos veríamos después de los toros, a la hora de cenar o así. Es decir, en una hora. ¡Y que a ver si les enseño mi piso! En estos momentos y debido a la época lo tengo un poco patas arriba, extraño en mí porque adoro el orden, pero es lo que hay... Así que tengo una hora para por lo menos barrer y fregar el suelo, recoger libros y apuntes, quitar algo el polvo, etc.
El caso es que no hace mucho rato que me ha vuelto a llamar. He pasado de coger el teléfono. Sí, está mal, pero es que no puedo quedar con mis padres sin dejar mi piso como los chorros del oro. Menos mal que es pequeño. Es posible que con la tormenta que ha habido a media tarde se hayan suspendido los toros.
De lo que no me libraré será de la cena. La última vez que cené con ellos y más gente en las Ferias de Salamanca apenas cené la inmensa mariscada que pidieron. Odio el marisco tanto como el pescado :(

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