sábado, septiembre 23, 2006

Primeras lluvias


No me gusta que llueva.
La lluvia en sí me produce tristeza. Ese día gris da motivos para pensar. Lo único que me gusta es el olor de después de la tormenta, mirar hacia arriba y ver el arco iris.
El otoño en sí es una estación que produce nostalgia por lo que se va. El variopinto abanico colorido del verano se convierte en una mezcla de ocres y grises.
En los días de lluvia vuelvo a otros momentos del pasado que fueron, sin duda, mejores.

La de esta mañana no era aquella lluvia a cántaros de abril, en que tuve que salir obligatoriamente. Odio los paraguas y me mojé. Llegué a casa con los bajos chorreando y, antes de volver, me metí en una tahona para coger unas magdalenas recién hechas y comerlas cuando entrara en calor.
La lluvia de hoy no era tan brusca como la de aquel día. He salido en chancletas y me he vuelto a mojar los bajos, pero apenas eran cuatro gotas. Al final el sol se ha dejado entrever entre los huecos que dejaban las nubes.

Sólo hay otro fenómeno atmosférico que odio más que la lluvia. Es la nieve. Cuando nieve ya lo contaré, me pondré de mala leche y estaré deseando de que se derrita.

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