domingo, septiembre 03, 2006

Mi primer viaje a Francia

Mi primer viaje a Francia fue un fin de semana con 16 años. Iba con mi familia y varias familias más de mi pueblo.
En aquel entonces, mi pueblo se había hermanado con un pueblo francés, de la región de Las Landas, por donde también pasaba el camino de Santiago. Ocultaré el nombre de dicho pueblo por ser demasiado pequeño.
Cuatro coches nos encaminamos hasta el corazón de Les Landes. El paisaje no cambiaba mucho en toda la zona, pues todo eran inmensos árboles a un lado y otro de la carretera. Pondría la mano en el fuego a que eran pinos y abetos, pero no lo recuerdo con demasiada lucidez. Yo sólo quería llegar a nuestro destino.
El pueblo era un conjunto de cuatro casas apiladas en torno a la iglesia, donde no había mucho que ver: el Ayuntamiento donde nos ofrecieron un lunch de bienvenida, la escuela, una pequeña oficina de Correos y un supermercado. Más allá se veían casitas entre los árboles. Y es que esa es la primera impresión que me llevé de Francia: casas desperdigadas en medio de los bosques, a un kilómetro o dos de distancia entre una y otra. Recuerdo haber visto muchas ruinas en medio del campo, otras ciudades como Dax, Roquefort y Mont-de-Marsan.
Pero lo que no sabía es que habíamos ido a las fiestas, de las que sólo tengo una ligera noción, pues no hubo ambiente festivo hasta por la noche. Cuando volvimos de una de nuestras excursiones por los alrededores, había tómbolas, autos de choque y una inmensa carpa donde todos los habitantes del pueblo se reunirían para celebrar un banquete nocturno que duraría horas (aunque allí no trasnochan tanto como en España). Y así es como entre los ardores del vino oí a mi padre y a otros dos hombres de mi pueblo cantar jotas encima del escenario.
La primera vez que vi a Sylvette, una joven de mi edad, me cayó mal. Y como siempre me pasa con cada persona con quien mi primera impresión es negativa... terminaríamos siendo uña y carne.
Sylvette estudiaba español y yo por aquel entonces no tenía ni idea de francés. Así que cuando ella no se acordaba de alguna palabra en castellano recurríamos al inglés, idioma universal. Yo no quería irme de la carpa pues para mí todo aquello era demasiado extraño. Había allí una profesora bilingüe que me convenció para que me fuera con las jóvenes francesas. Gäelle me daba miedo. Era una tía mogollón de basta, inmensamente grande, con cara de pocos amigos. Aunque cuando me la presentaron le sonreí, quizás por miedo. No importaba, ella no sabía español, sino que estudiaba alemán. Me sentó mal que prefiriera a los teutones antes que a los hispanos. Al final conseguí mantener una conversación más o menos fluída con Sylvette y mientras caminábamos Gäelle parecía nuestro guardaespaldas.
No sé cómo apareció por allí mi hermano pequeño, todavía un chiquillo, diciéndome que le acompañara a los autos de choque, y lo hice, despidiéndome de las galas. Siempre odié los autos de choque por los golpes que te dan, pero acepté montarme con mi hermano, que era demasiado pequeño para dejarle solo.
Cuando salimos, un joven me abordó, al principio me hablaba en francés, que yo no entendía. Al verme fruncir el entrecejo empezó a hablar en una mezcla castellano-italiana. Fue directamente al grano: que se había enamorado de mí. Era demasiado surrealista. Le dije que me dejara en paz, aunque no debió entenderlo. Empecé a caminar y oía a mis espaldas al joven gritándome: "Te quiero" y "Te amo". Sinceramente, estaba muy mal de la cabeza.
Volví a la carpa y la profesora me preguntó si me pasaba algo. Debía notarme nerviosa o ruborizada o algo. Le dije que nada pero mi cara me delató. Allí estaba Gäelle mirándome fijamente. Así es que le conté a la profesora lo que me había pasado. Le vi cómo se lo iba traduciendo a Gäelle y después me miró: "Dile a Gäelle quién es ese chico". Salí y desde lejos se lo señalé. No sé qué le diría Gäelle, con su presencia era capaz de infundir el miedo más atroz, pero el joven, cuando volví a pasar cerca de él, se limitó a mirarme de reojo sin decir nada.
Sylvette... Mi amistad con Sylvette, o como todo el mundo la conoce "Syssouve", merece un punto aparte. Es licenciada en Filología Española y, por tanto, bilingüe. Ha venido a mi casa varias veces y es como la hija adoptiva de mi familia. Y las risas que nos echamos :D

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