sábado, septiembre 23, 2006

Mis vecinos


Anoche la fiesta que se estaban marcando los vecinos del 3º era impresionante. Lo mejor de todo es que se oye... Podría haberme quejado, pero no lo hice. Es principio de curso. Una por otra porque como haga yo una fiesta el escándalo podría ser mayor.
Durante los últimos meses vivía en el 3º una chica que se llamaba Zintia, que debía ser extranjera, posiblemente francesa. Sólo me la crucé una vez en el ascensor, con un chico que supuse su novio y el perro. A veces se ponía a cenar en la terraza con amigas pero no la oía mucho. Fueron contadas las ocasiones en que escuchaba su música.
Después era mi música la que sonaba muchas veces de madrugada por todo el patio interior. Hasta que vino la vecina de abajo a darme un toque, cosa que ya conté en otra ocasión.
Hace unos días regresaba a casa a la hora de comer. Me encontré con Raúl, el casero. Me dijo que tenía nuevos vecinos, justo encima y debajo de mí, me dijo que iba a llevarles el contrato. Me contó que la de encima era universitaria y el de abajo era también estudiante, pero de instituto.
El señor de la puerta de enfrente no debe estar porque hace más de un mes que quitó el felpudo. Había pensado en poner yo también un felpudo pero es molesto a la hora de salir con la maleta porque las ruedas se cruzan ahí.

El año pasado no conocíamos más que al vecino del 3º, con el que antes de irme mantuve una conversación en su pedazo de ático y me invitó a cerveza. Si él en vez de irse a finales de este año se hubiera marchado en verano yo en estos momentos ocuparía ese ático. A los vecinos del 1º también les llegué a conocer, al menos de vista, y sobre todo por su música, que entraba en nuestro piso como si saliera de un escenario y nosotras fuéramos las oyentes. Me parecían chiquillos, una especie de moscas cojoneras con las que mis compañeras de piso intentaron un acercamiento. Yo para ellos siempre fui una borde y no tuve tratos con ellos de ningún tipo, quizás un saludo ocasional en el portal...

Me gustan los segundos. Siempre he odiado las alturas, así que no me pondría a vivir en un piso superior a un 5º, aunque pensándolo bien, en Salamanca tendría que salirme un poco del casco antiguo para encontrar edificios relativamente altos.

La casa de mis padres se me hace grande al lado de estos pisos en los que he vivido estos últimos años. Quizás nunca llegue a acostumbrarme a coger un ascensor ni a no tener jardín, ni a ver desde mi ventana a mis otros vecinos que también viven en casas, o a las vecinas que otean curiosamente con la cortina un poco corrida.

Donde estoy ahora me siento a gusto.

No hay comentarios: