lunes, septiembre 25, 2006

Casiopea


En una de las múltiples acampadas a las que fui en el pasado recuerdo una noche estrellada frente a la hoguera mientras el cura nos contaba historias. Aquella noche, a medida que iba preparando su pipa, miraba al cielo. Aquella noche descubrí a Casiopea.
El nombre me sonaba mágico, pero fue alzar la vista hacia arriba y descubrir la inmensa W de la constelación. Si no recuerdo mal y volviendo a aquella ubicación en medio del monte, se encuentra hacia el Noroeste. Pero sólo ahora, al mirar al cielo, podría encontrarla sin puntos cardinales, simplemente con dar una vuelta.
Aunque ya empieza a encapotarse el cielo y quizás sea difícil encontrarla.

De pequeña me gustaba mirar las estrellas. Pensaba que era imposible conocer todos sus nombres, pero que destilaban un sentido magnético hacia nosotros. Sólo podemos conformarnos con mirarlas intermitentemente en esas noches veraniegas.
Tiempo después, tras haber visto "El Rey León", me quedé con aquella frase de que cada estrella era alguien que se había ido para siempre y nos observaba. Es ese momento crucial de la película en que lloré inevitablemente. Es posible que en cada estrella haya parte de nosotros o de aquellas personas que no volveremos a ver jamás. Es una leyenda preciosa.
Siendo adolescente, una vez alguien me dijo que si quería conseguir a alguien sólo tenía que pedírselo a las estrellas durante diez noches seguidas. Tenía que repetir el nombre del chico durante diez noches sin pausa... Y sí, lo conseguí. Quizás es que las estrellas nos brindan un poder inabarcable, o sólo es que hay que creer que las estrellas están ahí para algo más que sea adornar la cúpula celeste (cualquier científico me rebatiría bien, pero me hace ilusión decir todas estas cosas; siempre buscamos explicaciones a algo, aunque sean irreales).
Y luego están las estrellas fugaces, aquellas que apenas se dejan ver y puedes pedir un deseo... Este verano recuerdo que Nat y yo vimos una: ¿La habéis visto ¿la habéis visto? No sé si a ella se le cumplió el deseo. A mí no, quizás mejor así. Quizás, en cierto modo, las estrellas me ayudaron a aquello que era mejor que mi deseo.

Casiopea... me gustaría asomarme a mi ventana y verla ahora, pero mis ventanas se ubican al sur, creo. Y es posible que haya nubes en el cielo y no se vea nada.

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