
Moisés, a quien todos llaman Momó, es un joven judío que vive con su padre, siempre de mal humor. No tienen mucho dinero y, cuando puede, se escaquea por el barrio a buscar los favores sexuales de alguna prostituta. Un día, Ibrahim le llama por su nombre y le dice que él no es árabe. El musulmán comienza a enseñarle cosas del Corán y a ver las cosas desde otro punto de vista. Y sobre todo le enseña a sonreír.
Engañado por su joven novia y abandonado por su padre, que se tirará a las vías del tren poco tiempo después, Momó adopta a Ibrahim como su padre. Le pide conocer su país y emprenden un viaje desde París hasta un pueblo desértico de Turquía, donde en una curva Ibrahim encuentra la muerte, dejándole todas sus posesiones y agradeciendo haber enseñado sus conocimientos al joven Momó.
Es una película extraña, teniendo en cuenta el terrible problema que hay en la franja de Gaza y Cisjordania. Quizás por eso resulta raro que un musulmán y un judío puedan entenderse tan perfectamente como lo hacen Ibrahim y Moisés. Pero es eso: una película.
La belleza está en todos los sitios, sólo hay que saber buscarla.
Engañado por su joven novia y abandonado por su padre, que se tirará a las vías del tren poco tiempo después, Momó adopta a Ibrahim como su padre. Le pide conocer su país y emprenden un viaje desde París hasta un pueblo desértico de Turquía, donde en una curva Ibrahim encuentra la muerte, dejándole todas sus posesiones y agradeciendo haber enseñado sus conocimientos al joven Momó.
Es una película extraña, teniendo en cuenta el terrible problema que hay en la franja de Gaza y Cisjordania. Quizás por eso resulta raro que un musulmán y un judío puedan entenderse tan perfectamente como lo hacen Ibrahim y Moisés. Pero es eso: una película.
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