
A lo largo de mi vida he conocido a mucha gente y descubrí algo: todo el mundo, incluso la persona más perfecta, tiene algún defecto o alguna tara. Puede ser algo oculto a simple vista o simplemente algo que se nota al charlar, o simplemente puede ser algo que veamos nada más acercarnos.
¿Nunca te ha pasado que ves de lejos a una persona admirable, ya sea por su planta, su perfil, su manera de vestir, etc. y a medida que te acercas a esa persona ves que no era tanto el embrujo?
Cada uno tiene su caparazón pero no siempre podemos descubrir la perla que hay dentro. Puede ser una perla brillante y nacarada o simplemente estar podrida.
Decía un profesor mío que a la hora de hacer diversas cosas en la vida hay que utilizar la metáfora del caramelo. Siempre nos atraerá aquel caramelo que tenga un envoltorio de vistosos y brillantes colores, mientras que el caramelo que tenga un envoltorio que no llame la atención, aunque el caramelo sepa mejor, lo desecharemos.
La apariencia física, aunque queramos creer lo contrario y queramos creer la falacia esa de que el interior es lo que verdaderamente importa, juega mucho a favor o en contra de esa persona. Claro que después es importante el interior y la manera de ser de un individuo. Y las cualidades se forjan poco a poco.
Siempre lo he tenido claro también con respecto a los tíos. Que me toque un novio con el que pueda hablar y me haga reír, aunque sea normalito y del montón... a un florero con el que presumir por la calle y que a la larga me termine aburriendo.
Y en mi vida han pasado guapos, feos, simpáticos, graciosos, serios... Y lo tengo claro, los guapos vienen envueltos en un molde casi perfecto, pero es sólo tapadera, el molde no ha terminado de forjar lo de dentro, dejándolo hueco. La parte interna ha ido en detrimento a medida que el interés por hacer un buen molde externo estaba volcado en su labor.
Se me acaba de ir la pinza. Yo iba a hablar de otra cosa. Pero cuando te pones a escribir no sabes por qué caminos te puede llevar el pensamiento.
Odio a los creídos, que por lo general tienen más defectos que el resto de la gente. Y me encanta vacilarles. No hay nada como llamar "feo" a un creído.
¿Nunca te ha pasado que ves de lejos a una persona admirable, ya sea por su planta, su perfil, su manera de vestir, etc. y a medida que te acercas a esa persona ves que no era tanto el embrujo?
Cada uno tiene su caparazón pero no siempre podemos descubrir la perla que hay dentro. Puede ser una perla brillante y nacarada o simplemente estar podrida.
Decía un profesor mío que a la hora de hacer diversas cosas en la vida hay que utilizar la metáfora del caramelo. Siempre nos atraerá aquel caramelo que tenga un envoltorio de vistosos y brillantes colores, mientras que el caramelo que tenga un envoltorio que no llame la atención, aunque el caramelo sepa mejor, lo desecharemos.
La apariencia física, aunque queramos creer lo contrario y queramos creer la falacia esa de que el interior es lo que verdaderamente importa, juega mucho a favor o en contra de esa persona. Claro que después es importante el interior y la manera de ser de un individuo. Y las cualidades se forjan poco a poco.
Siempre lo he tenido claro también con respecto a los tíos. Que me toque un novio con el que pueda hablar y me haga reír, aunque sea normalito y del montón... a un florero con el que presumir por la calle y que a la larga me termine aburriendo.
Y en mi vida han pasado guapos, feos, simpáticos, graciosos, serios... Y lo tengo claro, los guapos vienen envueltos en un molde casi perfecto, pero es sólo tapadera, el molde no ha terminado de forjar lo de dentro, dejándolo hueco. La parte interna ha ido en detrimento a medida que el interés por hacer un buen molde externo estaba volcado en su labor.
Se me acaba de ir la pinza. Yo iba a hablar de otra cosa. Pero cuando te pones a escribir no sabes por qué caminos te puede llevar el pensamiento.
Odio a los creídos, que por lo general tienen más defectos que el resto de la gente. Y me encanta vacilarles. No hay nada como llamar "feo" a un creído.
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