Dice una máxima que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hasta el 21 de septiembre yo siempre había pensado que lo mejor siempre estaba por llegar.
Volvería a mis años de estudiante en Salamanca sólo para revivir todos y cada uno de los momentos con él. Cuando me temblaba la mano al levantar el auricular para llamarle por teléfono en su cumpleaños (los móviles llegaron después), cuando me encontraba con él y le invitaba a venir, cuando me preparaba a escribirle cartas larguísimas en hojas de colores, cuando contaba los días que quedaban para verle, cuando cada canción me recordaba a él…
Y ya sólo me queda el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario