Acabo de recibir una foto de una de mis mejores amigas de Salamanca. De las dos en un bar, sin arrugas y sin canas, cuando el mundo nos sonreía… hace unos veinte años.
No sé si explicarle. A ella le hablé de Chini, sabía que le escribía cartas kilométricas, pero no quiero que sienta compasión por mí.
Dentro de mi tristeza, los recuerdos son hermosos, y no quiero hablar con nadie de ello.

No hay comentarios:
Publicar un comentario