Miro a mi alrededor y pienso en este terrible otoño que empezó siendo muy cruel. Cruel tiene que ser para llevarse a la persona más hermosa del mundo.
Veo salir el sol y pienso que tú ya no estás aquí para ver más amaneceres.
Tomo un café frente a la nevera y veo los imanes de Japón, de Tenerife, de Madeira, de Nueva York y pienso en los lugares que aún me quedaban por contarte.
Pienso en la carta que no escribí en marzo. Por miedo. Pienso en que si me hubiera atrevido te hubiera sonsacado una sonrisa.
Pienso en las cosas que hicimos, en las que no hicimos. Pienso en las cosas que nos dijimos, y en las que silenciamos. Pienso en tu mirada, esa mirada que me traspasaba y para la que yo no tenía secretos, pienso en la calma de tu mirada, en lo que reflejaba: tu honestidad, tu bondad, tu tranquilidad, tu sensibilidad, tu pasión… El recuerdo de tu mirada es lo que me empuja cada día a levantarme de la cama.
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