Hoy me he echado a llorar en la oficina… inevitablemente. Intento que la gente que me rodea no note mi tristeza, pero a veces no me doy cuenta y me emociono sin más.
No hablo con nadie del dolor que siento. Es como si me encerrara en un caparazón y me envolviera en los recuerdos, unos recuerdos que no quiero que se desvanezcan.

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