domingo, octubre 10, 2021

Aquellos domingos por la tarde

Hace unos años, cuando aún no había matrimonios ni chiquillos, nos íbamos al Madison los domingos invernales y a la ermita en verano. Según como hubiera ido la fiesta del sábado, los domingos eran criminales para mí. Pero el verano tenía que ponerme minifalda, tacones y marchar con mis amigas a la ermita. La razón era simple: que también vosotros estabais allí. Generalmente no se mezclaban los grupos de amigos, y aunque estábamos lejos, tanto tú como yo nos colocábamos de tal forma que pudiéramos mirarnos desde la distancia.
En realidad no podíamos dejar de mirarnos, ni los domingos ni cuando estábamos en el mismo recinto, ni cuando estos años iba a tu pueblo y me ponía de espaldas a ti sintiendo tu mirada perseverante en la espalda hasta que no podía aguantar más y me tenía que dar la vuelta para mirarte.
Qué nos pasó…

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