Hoy venía a Ezcaray escuchando Mañana de Tahúres Zurdos, y en vez de escuchar la letra, que es preciosa pero hace llorar, recordaba cuando salió el disco y estábamos cantando en el Catari cuando apareciste tú. Se me olvidó la letra porque me quedé prendida en tu mirada.
Venir a Ezcaray una vez a la semana hace que me acerque al río cinco minutos y piense en ti. La naturaleza nos da esa calma que a veces necesitamos para continuar en el día a día.
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