Corrían los años 60 cuando el director italiano Sergio Leone, desconocido entonces, buscaba un lugar desértico para "emular" los parajes del Oeste americano, porque ir a Estados Unidos conllevaba un presupuesto muy elevado. Así que decidió recorrer toda Europa en busca de un paraje desértico para grabar sus westerns y lo encontró en el desierto de Tabernas, a unos treinta kilómetros de Almería capital. Venir a España en los años 60 a una provincia rural era muy económico para su equipo, por lo que enseguida decidió levantar un poblado vaquero donde grabaría su célebre trilogía: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo.
Tuvieron tanto éxito que los directores norteamericanos empezaron a llamar despectivamente "spaghetti westerns" a este tipo de películas (por su origen italiano). Poco a poco empezaron a llegar otros directores a grabar sus westerns a Almería y puede ser que en Tabernas se hayan grabado unas cuatrocientas películas del Oeste. Pero también Cleopatra o Lawrence de Arabia. Incluso Exodus: dioses y reyes tiene su escenario en el desierto de Tabernas, hoy abandonado a la intemperie.
Es tan fascinante todo esto que merece la pena dar una vuelta. En Tabernas nos encontramos dos poblados vaqueros: Oasys MiniHollywood y Fort Bravo, el primero abierto a los turistas y el segundo, donde se sigue grabando para el cine, que también se puede visitar.
Yo estuve en Oasys MiniHollywood y es cierto que cuando llegas allí parece que estuvieras en el Oeste de verdad, todo porque es un verdadero pueblo, con su iglesia, su Saloon, su parque de bomberos, la oficina del sheriff, la estafeta de Correos, los establos de caballos, sus tiendas... Y mientras caminas por sus calles polvorientas, ves vaqueros a caballo.
Al estar convertido en parque temático, también hay espectáculos. El primero de los espectáculos que vi fue una recreación del sheriff y sus hombres atrapando a varios villanos, incluso uno de ellos es ahorcado.
El otro espectáculo tiene lugar en el Saloon y es un espectáculo de cancán. Tuve una posición de lujo en la galería del primer piso junto a una señora gallega que me contó que su marido no había querido entrar.
Finalmente salí del poblado en dirección a la reserva zoológica, y aunque adoro los animales, es cierto que a las cuatro de la tarde podía darme una insolación con tantas cuestas, así que vi al tigre tumbado a la sombra, a los reptiles y pocos animales más. Me dio miedo el sol, y es que pocos lugares había de sombra.
Volví a la plaza del poblado vaquero para encontrarme de frente a un potrillo que me hizo correr, mientras el sheriff, Diego García, me dijo que no hacía nada. Descubrí entonces que todos los que actuaban en el espectáculo vaquero eran especialistas del cine, pero allí tenían además que cuidar de los caballos y a ese potrillo le sacaban a veces a la plaza para entrenar y hacerle correr, aunque el potro me hizo correr a mí.
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