Los fines de semana son terribles porque paso muchas horas sola y con la mente a mil revoluciones por minuto. Si ya me cuesta en el trabajo, al menos ahí tengo la mente ocupada, pero el fin de semana es otro cantar.
Cada minuto me trae un recuerdo de él, ya no pongo música porque entonces no hay forma de consolarme. Y es terrible. A veces, cuando no puedo soportarlo, voy a la cafetería, aunque sólo sea para estar con gente.
Hay que seguir, pero es tan duro…

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