Vine a Madrid como podía haber ido a cualquier sitio. Lo cierto es que en casa me asfixiaba porque no puedo soportar la pérdida de Chini. Y sólo se me ocurrió marcharme donde fuera.
Desconectar para reconectar.
Lo que ocurre en Madrid es que estoy tan pendiente de lo que me rodea que termino evadiéndome… hasta que paro unos minutos y entonces recuerdo que él ya no está.
No sé cómo se sigue viviendo…
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