martes, octubre 12, 2021

Los tiempos de la Derbi Variant

Cuando teníamos catorce años una entidad bancaria se encargó de vender baratas una serie de motos de marca Derbi Variant en dos únicos colores: blanco y negro. En todas las familias había una. ¿Qué hacíamos sin carnet de moto y sin casco pero con ganas de hacer kilómetros sin pasar por el cuartel? Pues marchábamos al pueblo de al lado, primero a tocar timbres y después ya nos quedábamos allí con los de nuestra edad.
Yo tenía una Derbi negra, y un día en el pueblo de al lado la moto se me cayó encima, así que me quedó un recuerdo para toda la vida: una quemadura en la pierna que me hizo el tubo de escape y que tardaría todo el verano en curar… Tanto que no se me ocurrió volver al pueblo de al lado en mucho tiempo. Allí recuerdo a una amiga de Chini, que me dijo que su padre era médico, que me hizo una primera cura, y no lo hizo mal. No recuerdo ni cómo regresé a mi casa con la pierna tan dolorida y una ampolla gigante.
Pero no cogí miedo a la moto, incluso recuerdo a los del pueblo de al lado en bicicleta agarrándose a la parte trasera de la moto de un amigo suyo para llegar antes a su pueblo. Porque ellos también venían a nuestro pueblo. Y recuerdo a Chini con la bici...
Pero con dieciséis años volví a caerme de la moto, fue en un camino de piedras y me pusieron un hierro en la mano derecha, justo antes de los exámenes finales. Algunos profesores me hicieron los exámenes orales, pero la profesora de Física y Química me hizo escribirlo, pese a lo aparatoso del hierro que hacía que no sólo me costara escribir sino que encima pesaba. Aun así, suspendí la asignatura, porque pese a haber aprobado la Física, tenía que tener aprobadas las dos partes, así que me mandó a septiembre.
Quince días de intercambio en Francia y después empezaron las clases particulares. Y allí estaba Chini, que iba con su Derbi blanca todos los días. Yo era más sibarita y me llevaban… aunque la realidad es que no tenía casco ni seguro, aunque ya sí contaba con la licencia.
Y seguimos yendo al pueblo de al lado. Chini y yo deberíamos haber repasado juntos aquel verano, y lo que surgió fue una bonita amistad.
Sólo tuve dos caídas con la moto y fueron bastante aparatosas. Yo estaba deseando cumplir 18 para sacarme el carnet de conducir.

No hay comentarios: