Cuando teníamos catorce años una entidad bancaria se encargó de vender baratas una serie de motos de marca Derbi Variant en dos únicos colores: blanco y negro. En todas las familias había una. ¿Qué hacíamos sin carnet de moto y sin casco pero con ganas de hacer kilómetros sin pasar por el cuartel? Pues marchábamos al pueblo de al lado, primero a tocar timbres y después ya nos quedábamos allí con los de nuestra edad.
Yo tenía una Derbi negra, y un día en el pueblo de al lado la moto se me cayó encima, así que me quedó un recuerdo para toda la vida: una quemadura en la pierna que me hizo el tubo de escape y que tardaría todo el verano en curar… Tanto que no se me ocurrió volver al pueblo de al lado en mucho tiempo. Allí recuerdo a una amiga de Chini, que me dijo que su padre era médico, que me hizo una primera cura, y no lo hizo mal. No recuerdo ni cómo regresé a mi casa con la pierna tan dolorida y una ampolla gigante.
Pero no cogí miedo a la moto, incluso recuerdo a los del pueblo de al lado en bicicleta agarrándose a la parte trasera de la moto de un amigo suyo para llegar antes a su pueblo. Porque ellos también venían a nuestro pueblo. Y recuerdo a Chini con la bici...
Pero con dieciséis años volví a caerme de la moto, fue en un camino de piedras y me pusieron un hierro en la mano derecha, justo antes de los exámenes finales. Algunos profesores me hicieron los exámenes orales, pero la profesora de Física y Química me hizo escribirlo, pese a lo aparatoso del hierro que hacía que no sólo me costara escribir sino que encima pesaba. Aun así, suspendí la asignatura, porque pese a haber aprobado la Física, tenía que tener aprobadas las dos partes, así que me mandó a septiembre.
Quince días de intercambio en Francia y después empezaron las clases particulares. Y allí estaba Chini, que iba con su Derbi blanca todos los días. Yo era más sibarita y me llevaban… aunque la realidad es que no tenía casco ni seguro, aunque ya sí contaba con la licencia.
Y seguimos yendo al pueblo de al lado. Chini y yo deberíamos haber repasado juntos aquel verano, y lo que surgió fue una bonita amistad.
Sólo tuve dos caídas con la moto y fueron bastante aparatosas. Yo estaba deseando cumplir 18 para sacarme el carnet de conducir.
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