Aunque me cuesta, he decidido retomar mis vivencias en Almería, porque a medida que van pasando los días se empiezan a olvidar los detalles.
La Puerta de Purchena, que posiblemente derivó de "Puerta de Pechina", era el centro neurálgico de Almería. Allí se cruzaban dos calles principales: el Paseo de Almería y la Rambla. En realidad allí no había ninguna puerta, pero en mi lógica pensé que seguramente allí hubo hace siglos alguna puerta de acceso a la ciudad, cuando ésta se encontraba amurallada.
La Puerta de Purchena es un lugar emblemático que cuenta con una fuente, el Cañito, célebre fuente de la que cuenta la leyenda que quien bebe de uno de sus tres caños contraerá matrimonio en Almería y, si está casado, regresará pronto a la ciudad.
La Puerta (de) Purchena está rodeada de edificios nobles, de corte modernista y neoclásico. Uno de los edificios modernistas que llama la atención es la Casa de las Mariposas, un edificio impresionante donde destacan las coloradas mariposas de sus últimos pisos.
Además en Puerta Purchena queda todo el mundo junto a la estatua de Nicolás Salmerón, político que presidió el Congreso de los Diputados durante la Iª República Española.
Desde Puerta Purchena se pueden tomar cualquiera de las dos arterias principales, llenas de tiendas y restaurantes de tapas, llenas de entidades bancarias y grandes marcas.
Si tomamos la Rambla del Obispo Orberá nos encontramos con el Teatro Apolo, del siglo XIX, que ha tenido una azarosa vida: además de teatro, fue café cantante, sede de la logia masónica, casa de juego y lugar de alterne. Estuvo cerrado durante mucho tiempo y el Ayuntamiento lo recuperó en 1993. También en la Rambla se encuentra el edificio de la Compañía de María, y finalmente nos encontramos con el Mercado, también del siglo XIX.
Por su parte, el Paseo de Almería es una bulliciosa avenida llena de casas burguesas. Tengo que decir que aquí tuve que entrar en la Oficina de Turismo y también una noche me tomé una copa en la terraza del Burana, una especie de bar de copas muy elegante. Siempre pasaba por allí hasta que una noche, después de cenar, decidí que era el momento.
Estas dos avenidas, que se cruzan en Puerta Purchena, dirigen nuestros pasos hacia el mar y forman un triángulo con la Avenida de Federico García Lorca, llena de palmeras y ya cerca del Paseo Marítimo.
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