Los domingos camino por mi casa dando tumbos sin conseguir detenerme. Da igual lo que empiece a hacer, de repente paro y miro al cielo. Por eso últimamente mis domingos me asfixian, porque me resulta insoportable la pérdida de Chini.
Abro los ojos y sólo quiero volver a dormir. Y la tristeza inunda todo mi ser. Y ya no sé muy bien dónde estoy.
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