Hace dos semanas, cerca de las nueve de la noche, me llamó mi padre para darme la terrible noticia: Chini había fallecido de repente. Tuvo que repetírmelo porque me quedé en 'shock'.
Tan sólo han pasado dos semanas y vivo en un auténtico infierno. Cada hora es eterna y siento que una parte de mí se ha ido con él.
Cuando despierto cada mañana quiero creer que todo ha sido una pesadilla, pero no lo es. Él partió hacia las estrellas y no puedo soportar esta pérdida tan grande.
Y qué me queda sin él. Se han borrado mis sueños.
Abrir los ojos cada mañana es una tortura. Yo no sé cómo apaciguar el dolor que siento.

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