
Cuando era pequeña me regalaron un caballete con acuarelas. Tenía un set completo para haberme convertido en pintora. Pero desconocía cómo se pintaba con acuarelas. Yo lo intentaba pero no me salía. Echaba mucha pintura y poca agua. Mi primera pintura fue un pájaro y recuerdo aquel pájaro con mucho cariño porque lo creé de la nada.
Cada mañana me acuerdo de aquel lienzo, cuando aún era una página en blanco, una página que se va llenando con el paso de las horas. De nosotros depende hacer un pájaro con vivos colores o un pájaro oscuro. Intento que todo sea colorido, incluso hay gente que me impulsa a hacer trazos de vivos colores, y entonces pienso que ese día ha tenido sentido. Aunque para mí el simple hecho del presente y de ser consciente del paso del tiempo ya tiene sentido.
Que cada día del próximo año pintemos muchos pájaros de vivos colores. Eso es importante.
Hoy en día tengo el caballete arrinconado, las acuarelas se secaron y la paleta de colores está limpia. Hay otras maneras de aprender a pintar acuarelas y colorear cada día es una manera, un tanto abstracta, de hacerlo.
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