sábado, noviembre 29, 2008

Saboreando momentos

A veces los actos más simples reportan unos momentos de felicidad insólita. Por ejemplo, despertarte pronto un sábado por la mañana, levantarte a desayunar y volver a la cama para sumergirte en un libro que te traslade muy lejos de la realidad. Pues al final estás viajando sin moverte de la cama, sin reparar en el tiempo que hace fuera, aunque sabiendo que hace un frío glacial, sin reparar en el tiempo que pasa cruelmente en el minutero del reloj, sin reparar en que nadie va a venir a decirte que te levantes, que no son horas... Y posiblemente ese momento, la simpleza y sencillez de ese momento, lo convierte en algo único, muy cercano a la felicidad ideal.
Es una pena que la estresante vida actual nos haga obviar esos instantes únicos.

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