Es una película triste. No esperaba un final así, y menos para terminar la semana. Está bien para pasar el rato...
"Cuando era pequeña tenía un don: veía cosas que los demás no podían ver. A medida que fui creciendo ese don fue desapareciendo".
Edimburgo, principios del siglo XX.
Mary (Catherine Zeta-Jones) vive con su hija Benji (Saoirse Ronan) en un barrio pobre. Son unas bribonas que se aprovechan de personas que han perdido a seres queridos y se aprovechan de esa situación, haciendo creer que Mary es una medium que puede hablar con los espíritus. Cuando el teatro donde actúan cierra, las deja en la calle y sin dinero, por lo que se van a vivir a un cementerio.
Benji saborea las historias del célebre mago mundial, Harry Houdini (Guy Pearce), que ha lanzado un reto: que le digan las últimas palabras que dijo su madre antes de morir. Ofrece una recompensa, aunque se trata de un juego para desenmascarar a farsantes y falsos espiritistas. Él cree más bien en la ciencia.
En su gira mundial pasa por Edimburgo y conoce a Mary y a su hija, que le desafían. Lo que para Mary es un pasatiempo, inventando todo tipo de tretas para conseguir el dinero, para Harry va más allá: la medium se parece a su madre tanto que, a veces, cree estar frente a ella. El gran Houdini cae presa de un amor atroz hacia esa mujer, aunque no sabe que la verdadera medium es la niña.
"Ocurre entre hombres y mujeres.
Mantiene a raya el invierno.
La soledad se mitiga.
Entre el sudor de las sábanas revueltas
encuentras un poquito de amor verdadero...".
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