viernes, noviembre 28, 2008

Manitas

Yo no entiendo cómo los de Cegasa hacen unas bombillas tan horripilantes como para quedarme con el bulbo en las manos, dejando el resto enganchado. Ahora tengo un problema y es que no sé cómo quitar la rosca. Sería fácil llamar a un electricista -aunque me cobre- o más sencillo todavía dar un toque al casero para que me envíe a Don Chapuzas, un tío que igual hace de fontanero que de cerrajero -y me saldría gratis-. El problema es que me da vergüenza que venga, el problema es que se me ha metido en la cabeza arreglar yo misma el entuerto.
La susodicha bombilla está encima del espejo del baño, espejo que necesito. El caso es que tengo miedo a electrocutarme. Pero aun así lo intentaré arreglar desconectando todo el alumbrado. Desde luego, que yo no valgo para electricista. Y no hablaré de los medios que empleé ayer intentando quitar el trozo de bombilla. En fin, que como era de noche y necesitaba tener luz lo dejé para hoy, pero cuando me acerco al baño me entra una especie de pánico difícil de explicar.
En momentos así es cuando verdaderamente echo de menos a un hombre junto a mí.

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