lunes, noviembre 03, 2008

Procesiones de muertos

Muchos y de muchas clases son los cortejos que acompañan a las apariciones.
La estantigua o la estadea es una agrupación de muertos de carácter violento, que portan cirios con luces de colores y suelen andar a cierta altura sobre el suelo, arrastrando a cuantos encuentran en su furiosa carrera para despositarles después bruscamente y a gran distancia, completamente magullados y con las ropas destrozadas.
La estantigua venía a atemorizar, siempre en grupo, tocando una campanilla. Las personas que ven esta procesión se apartaban y si no les daba tiempo eran arrastrados. La estantigua anda a “trastazos” con los que encuentra en su camino.
La Santa Compaña o a Comunidad es otro tipo de procesión. Se trata de fantasmas –tanto de muertos como de los que están a punto de fallecer- de la parroquia donde son vistos, que se dirigen pacíficamente, al son de tambores o música, a la casa donde va a morir alguien; en ocasiones portan a hombros un ataúd con el difunto. A las doce de la noche salen en procesión formando dos filas, vestidos de blanco y con una pequeña luz en las manos. Para guiarles en su recorrido les precede una candeliña y un vecino vivo portando la cruz parroquial, que se une necesariamente a la procesión.
Solamente salen cuando alguien se encuentra próximo a la muerte, caminan unas veces por tierra y otras por el aire. Si por alguna razón han de procesionar de día, los humanos no las ven, pero gallos y gallinas cantan a su paso. La persona que les precede portando la cruz no suele hacerlo de manera voluntaria, de ahí que se encuentre malicento y demacrado.
Otros nombres con que se conoce a estas procesiones en nuestro país son: Güéstiga, Buena gente, Ronda, Recua, etc.
Si alguien se encuentra con ellas, tiene que tirarse al suelo formando una cruz con el cuerpo, no coger la vela que le dan (pues si lo hace tiene que devolvérsela al día siguiente), abrazarse a algo determinado, hacer un círculo y meterse en su interior. Y no debe mirarles pasar. En caso contrario, pueden llevarle con ellas o golpearle al pasar. Si alguien ha cogido la vela o el cirio, es posible que al día siguiente vea que lo que le habían dado era un hueso, o un cadáver, o el brazo de alguien.
En el Pirineo aragonés, as Lumbretas es una procesión de ánimas que caminan en fila portando un candil. La luz de éste es lo que suelen ver los humanos que con ellas se encuentran.
En Cantabria, a menudo, son las cabalgadas de ánimas furiosas las causantes de galernas y de los fuertes temporales que arrasan cuanto encuentran a su paso.
Y en Cataluña se habla de la cabalgada del conde Arnau, que en el aniversario de su fallecimiento se levanta de la tumba para comenzar una cacería, por lo que aparecen con él monteros y sirvientes. Una vez que el conde da la señal de partida, todos se lanzan a una loca carrera a través de los campos, sembrados y bosques, aullando, gritando y arrollando todo lo que encuentran a su paso para desgracia de los pobres campesinos que se cruzan en su camino.

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