viernes, julio 06, 2007

San Fermín

Hoy han comenzado oficialmente las fiestas de Pamplona. A pesar de la proximidad y que gente de allí me ha invitado innumerables veces a conocer aquello, nunca me han llamado la atención. Quizás me echa para atrás la aglomeración de gente, quizás es porque creo que se le da más bombo del que tiene gracias a famosos escritores como Hemingway que las dieron a conocer por todo lo ancho del globo, quizás es que me dan pánico los toros. La verdad es que no me atraen. Considero que debería ir una vez al menos para decir a la vuelta: "Una y no más". Pero lo veo demasiado agobiante.
Además, ya nos ilustran en las noticias sobre los sanfermines, de lo bueno y de lo malo.

A las 12 del mediodía, la alcaldesa lanzaba el chupinazo ante una plaza llena de pamploneses y miles de personas venidas desde los rincones más inimaginables, y otros de no tan lejos.

Mi colegio organizaba acampadas en verano a Pirineos. Subiendo al Aneto un mes de julio, hace mucho tiempo, venía con nosotros un navarro, Urko. Necesitábamos dos días para llegar a la cima, por tanto esa noche dormiríamos al aire libre, bajo las estrellas. Hacía horas que habíamos salido del camping con la mochila a cuestas. Faltaban cinco minutos para las 12 cuando Urko dejó la mochila a un lado, echó a correr hacia un altozano, se paró frente al grupo y miró su reloj. Sin quitar ojo al segundero contó de diez hacia abajo. Cuando llegó al final, gritó: "¡Viva San Fermín!".
El 7 de julio llegaríamos a la cumbre del Aneto que, a pesar de ser verano, tenía grandes bloques de hielo que se hacían peligrosos bajo aquel sol infernal.

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