Es una mala película, pomposa y superficial.
Me esperaba mejores escenarios (y no hablo del Palacio de Versalles), y me choca la música moderna que se oye en ciertas escenas, música que no está en consonancia con la película.
Versalles me trae recuerdos. Cuando estuve en París me surgió la imperiosa necesidad de ir a ver el impresionante edificio, pero si algo me llamó la atención fueron los vastísimos jardines y fuentes. Una residencia real en toda regla. Y en la película nos los ponen al alcance de la mano, en toda su magnificencia, así como los reales salones. Luis XVI, su esposa María Antonieta y sus hijos fueron los últimos habitantes monárquicos del Palacio, que tuvieron que refugiarse en París, donde estalló la Revolución Francesa y donde fueron ajusticiados. En La Concergerie se puede ver la celda donde estuvo encerrada la Reina, con un camastro, una Biblia y una vela, una estatua de María Antonieta está postrada mientras reza, de espaldas.
A los 15 años, la archiduquesa de Austria, María Antonieta, abandona su país para contraer matrimonio con el Delfín de Francia, el futuro rey Luis XVI. El matrimonio no se consuma hasta varios años después, y la alianza franco-austriaca se tambalea. El apocado príncipe evita a su consorte, hasta el punto de que ella se siente humillada, mientras debe hacer frente a las intrigas y maquinaciones de la Corte. A su vez, los jóvenes reyes se dedican a una vida de lujos y gastos sin límite, que sumado al apoyo de la independencia de los Estados Unidos, deja a la Corona en la bancarrota y al pueblo muerto de hambre.
Nace la primera hija de los reyes, María Teresa. Después nace Luis José, el Delfín. Otros dos bebés se unieron a la progenie real, que murieron demasiado jóvenes. El adulterio de la reina con el conde sueco Fersen corre de boca en boca.
El pueblo de Francia se rebela y marcha hacia Versalles. María Antonieta se queda con su marido y finalmente van hacia París. La película termina en una carroza, posiblemente el último momento en que la familia real estaría unida.
Me esperaba mejores escenarios (y no hablo del Palacio de Versalles), y me choca la música moderna que se oye en ciertas escenas, música que no está en consonancia con la película.
Versalles me trae recuerdos. Cuando estuve en París me surgió la imperiosa necesidad de ir a ver el impresionante edificio, pero si algo me llamó la atención fueron los vastísimos jardines y fuentes. Una residencia real en toda regla. Y en la película nos los ponen al alcance de la mano, en toda su magnificencia, así como los reales salones. Luis XVI, su esposa María Antonieta y sus hijos fueron los últimos habitantes monárquicos del Palacio, que tuvieron que refugiarse en París, donde estalló la Revolución Francesa y donde fueron ajusticiados. En La Concergerie se puede ver la celda donde estuvo encerrada la Reina, con un camastro, una Biblia y una vela, una estatua de María Antonieta está postrada mientras reza, de espaldas.
A los 15 años, la archiduquesa de Austria, María Antonieta, abandona su país para contraer matrimonio con el Delfín de Francia, el futuro rey Luis XVI. El matrimonio no se consuma hasta varios años después, y la alianza franco-austriaca se tambalea. El apocado príncipe evita a su consorte, hasta el punto de que ella se siente humillada, mientras debe hacer frente a las intrigas y maquinaciones de la Corte. A su vez, los jóvenes reyes se dedican a una vida de lujos y gastos sin límite, que sumado al apoyo de la independencia de los Estados Unidos, deja a la Corona en la bancarrota y al pueblo muerto de hambre.
Nace la primera hija de los reyes, María Teresa. Después nace Luis José, el Delfín. Otros dos bebés se unieron a la progenie real, que murieron demasiado jóvenes. El adulterio de la reina con el conde sueco Fersen corre de boca en boca.
El pueblo de Francia se rebela y marcha hacia Versalles. María Antonieta se queda con su marido y finalmente van hacia París. La película termina en una carroza, posiblemente el último momento en que la familia real estaría unida.
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