jueves, julio 26, 2007

Algo grande

Mi madre siempre dice que para hacer algo grande siempre hay que empezar por las cosas más pequeñas, aquellas que son nimias, poco importantes, minúsculas. Y siempre me dice que yo quiero saltar sin cruzar los pasos intermedios. Aprendí muy pronto a valorar los detalles sin importancia y aquellas cosas que siempre habían estado conmigo y nunca las había tenido en cuenta hasta... que las perdí. Por ejemplo, aprendí a añorar los aromas del bosque cuando me vine a vivir a una ciudad, las horas de tranquilidad sentada bajo las frondosas ramas de un árbol sin bruscos ruidos en derredor, las personas que siempre han estado ahí y las que encontramos en el camino cuando ya no están o nos hemos ido repentinamente, y los momentos de risas, las palabras instantáneas, los mensajes comunicativos... esos momentos tan efímeros que van marcando acompasadamente el ritmo del paso del tiempo.
Cuando me vaya de Salamanca, echaré de menos sus piedras doradas, su letanía de campanas a ciertas horas, el pavimento empedrado, el bullicio de sus gentes... pero se verá sustituido por todo aquello que sobrevendrá. Lo único que no puede suplirse es la gente. Porque cada persona que pasa por nuestra vida nos deja un poco de sí misma y, a la vez, se lleva algo de nosotros.

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