lunes, julio 02, 2007

Una misiva para la reflexión

Un día abres el buzón y te encuentras con las siempre bienvenidas noticias de aquél a quien hace tiempo que no ves. Y se te ilumina la mirada. Comienzan a pasar por tu mente atropelladamente los recuerdos de tiempo atrás.
Lees las palabras, saboreas cada frase, masticas cada párrafo. Hay ciertos contactos que no deberíamos perder nunca, y en nosotros está que perpetúen en el tiempo.
La otra persona te cuenta las novedades de su vida y se interesa por las tuyas. Hace tiempo que yo iba a enviar una misiva a esta persona, y lo fui dejando. Imagino que él pensaba lo mismo, hasta que un día se decidió.
Sigues leyendo y sonríes, porque lees la felicidad y la alegría que inundan la vida del remitente. Sonríes porque te hace feliz no solo saber de su vida sino saber que está bien.
Y sus palabras te transportan al pasado, a un tiempo oscuro y triste. Te recuerda cosas que pensabas olvidadas. Y observas el cambio, el tenue brillo de lo que nos rodea a medida que se va transformando, ese tránsito en el que todos buscamos mejorar nuestras vidas.
Se despide regalándote sus mejores deseos, esperando hayas encontrado un poquito de felicidad y tranquilidad.

Sus palabras bailan un vals en tu mente, incluso unas horas después. Te ha dejado pensando... Es ésta una persona a la que no quiero perder.

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