Cualquier película en la que Mel Gibson sea el director se que me terminará poniendo los pelos de punta. Toca la fibra sensible, escoge un momento histórico y lo esgrime a unos niveles desgarradores para el ser humano. Aquí también ocurre. Es inevitable quedarse pensando al final. Ya no es la historia o la época en sí, sino esa fuerza casi animal que el ser humano saca de no se sabe dónde para poder sobrevivir. Es algo más profundo que el miedo a la muerte o al destino, es algo demasiado profundo que nos hace seguir adelante. En este caso es el amor. La muerte es fácil, el protagonista se podía haber rendido, pero ha decidido sobrevivir y lucha, herido, exhausto y hambriento, para volver a reunirse con su familia.
Durante toda la película se puede sentir el miedo, ese miedo a que le atrapen, a su destino y al futuro, miedo a empezar de nuevo. Y sin embargo, él es un elegido, aquel de quien hablan las profecías. Él es Garra de Jaguar, el único superviviente de su tribu.
Todas las conversaciones de la película son en yucatec, dialecto que se habla en la actualidad en la península de Yucatán. Es una forma de hacer más creíble y realista el ambiente donde transcurren los hechos.
El fragmento de la Historia que Mel Gibson escogió aquí es el final de la civilización maya, una época turbulenta, antes de que llegaran los conquistadores, en la que las tribus pequeñas eran esclavizadas, torturadas y sacrificadas por la gran civilización maya.
Existe una pequeña aldea en la que viven pacíficamente, con sus disputas y sus bromas. Al espectador se le aproxima lentamente a un modo de vivir pacífico, un lugar donde nada parece amenazar ese idilio en el que viven sus habitantes. Sin embargo...
La aldea es atacada por guerreros más poderosos, invasores que adoran al dios Sol. Garra de Jaguar, el hijo del gran jefe, esconde a su esposa embarazada y a su hijo pequeño en un pozo y acude a luchar. Es hecho prisionero y su padre asesinado delante de él.
Hombres y mujeres son atados, los niños son abandonados a su suerte, mientras los guerreros se llevan a los adultos a un sitio muy lejano, más adelantado tecnológicamente. En aquel lugar hay casas de piedra, grandes pirámides de piedra policromada, canteras para sacar la piedra con la que construir, pinturas variadas, mercado de esclavos y otras exquisiteces. Las mujeres son vendidas como esclavas y los hombres son llevados a la gran pirámide, donde les arrancan el corazón para entregárselo al dios Sol.
En el momento en que Garra de Jaguar va a ser sacrificado hay un eclipse de sol. Es el único que consigue escapar, detrás tiene a sus perseguidores. Pero la profecía dice que el hombre que corra junto al jaguar acabará con todos ellos. Cada uno va pereciendo por el camino, pero el joven sigue luchando, herido, pero sin cejar en su empeño de seguir adelante.
Finalmente llega a su aldea. Su mujer ha dado a luz a otro varón. Los cuatro se dirigen hacia el corazón del bosque, dando la espalda a las carabelas que surcan el mar en el horizonte. Es un nuevo comienzo.
"¿Qué has visto en esa gente en el bosque? Miedo. Miedo que pudre por dentro. Estaban infectados. ¿Lo viste? El miedo es una enfermedad. Repta por el alma de quien lo contrae. Ya ha perturbado tu paz. No te he criado para verte vivir con miedo. Arráncalo de tu corazón. No lo lleves a nuestra aldea" (El gran jefe a su hijo).

Durante toda la película se puede sentir el miedo, ese miedo a que le atrapen, a su destino y al futuro, miedo a empezar de nuevo. Y sin embargo, él es un elegido, aquel de quien hablan las profecías. Él es Garra de Jaguar, el único superviviente de su tribu.
Todas las conversaciones de la película son en yucatec, dialecto que se habla en la actualidad en la península de Yucatán. Es una forma de hacer más creíble y realista el ambiente donde transcurren los hechos.
El fragmento de la Historia que Mel Gibson escogió aquí es el final de la civilización maya, una época turbulenta, antes de que llegaran los conquistadores, en la que las tribus pequeñas eran esclavizadas, torturadas y sacrificadas por la gran civilización maya.
Existe una pequeña aldea en la que viven pacíficamente, con sus disputas y sus bromas. Al espectador se le aproxima lentamente a un modo de vivir pacífico, un lugar donde nada parece amenazar ese idilio en el que viven sus habitantes. Sin embargo...
La aldea es atacada por guerreros más poderosos, invasores que adoran al dios Sol. Garra de Jaguar, el hijo del gran jefe, esconde a su esposa embarazada y a su hijo pequeño en un pozo y acude a luchar. Es hecho prisionero y su padre asesinado delante de él.
Hombres y mujeres son atados, los niños son abandonados a su suerte, mientras los guerreros se llevan a los adultos a un sitio muy lejano, más adelantado tecnológicamente. En aquel lugar hay casas de piedra, grandes pirámides de piedra policromada, canteras para sacar la piedra con la que construir, pinturas variadas, mercado de esclavos y otras exquisiteces. Las mujeres son vendidas como esclavas y los hombres son llevados a la gran pirámide, donde les arrancan el corazón para entregárselo al dios Sol.
En el momento en que Garra de Jaguar va a ser sacrificado hay un eclipse de sol. Es el único que consigue escapar, detrás tiene a sus perseguidores. Pero la profecía dice que el hombre que corra junto al jaguar acabará con todos ellos. Cada uno va pereciendo por el camino, pero el joven sigue luchando, herido, pero sin cejar en su empeño de seguir adelante.
Finalmente llega a su aldea. Su mujer ha dado a luz a otro varón. Los cuatro se dirigen hacia el corazón del bosque, dando la espalda a las carabelas que surcan el mar en el horizonte. Es un nuevo comienzo.
"¿Qué has visto en esa gente en el bosque? Miedo. Miedo que pudre por dentro. Estaban infectados. ¿Lo viste? El miedo es una enfermedad. Repta por el alma de quien lo contrae. Ya ha perturbado tu paz. No te he criado para verte vivir con miedo. Arráncalo de tu corazón. No lo lleves a nuestra aldea" (El gran jefe a su hijo).
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