
Anoche me fui a leer. No me sentía cansada, pero, sin embargo, debía estarlo pues me entró un sopor incontrolable. Sobre la cama, con ropa de calle, la luz de la mesilla encendida y el libro, he amanecido a las 5 de la mañana y, obviamente, me he desvelado. Lo curioso es que no había notado que tuviera tanto sueño y cansancio, simplemente dormí. Y no es porque el libro sea aburrido. Es imposible que Drácula llegue a aburrirme.
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