
Ya han pasado varios años desde el momento en que cogí un libro de pasta y me pusiera a cocinar los spaguettis tal y como a mí me gustan. Todo porque no me gustaba cómo los hacía mi madre, ni cómo los gratinaba, ni los ingredientes que echaba.
Coger un libro de cocina y buscar una foto que me llamara la atención entre tanta variedad no fue cosa fácil. El siguiente paso fue comprar los ingredientes que no tenía en casa en esos momentos. Y después me enfrasqué en la cocina durante casi dos horas mientras seguía las instrucciones tal y como decía la receta.
Ya sé que en la foto parecen comida de perro, pero lo cierto es que quien los prueba me halaga con tan sólo probarlos. Y así tengo amigos y amigas que, si vienen a mi casa a comer, quieren estos spaguettis y no otra cosa. Hay quien además me ha pedido la receta, que sólo dije en casa cuando ya me la sabía de memoria.
Yo creo que el truco está en el sofrito, o al menos mi padre los probó después de vérmelos hacer. Y es que ciertamente hasta entonces mi padre no probaba la pasta, no le gustaba. Pero basta que me hubiera visto hacerlos y basta que fueran mis primeros pinitos en la cocina para que se decantara por probarlos. Yo pensaba que lo hacía por darme gusto, guardándose la opinión de que realmente a él no le gustaban. Pero...
Un tiempo después recibí una llamada. Era mi madre para que le dijera cómo hacía los spaguettis pues mi padre quería ese día comer los spaguettis tal y como yo los preparaba. Conseguí que mi padre, tras muchos años sin probar la pasta, la probara como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Me pregunto si a mí, engañada o no, me podrían hacer lo mismo con tal de comer pescado o queso o espinacas.
Y hoy me apetecían, aunque pasarme una hora en la cocina no. Siempre puede más el deseo de comer algo aunque no se tengan ganas de cocinarlo.
La verdad es que siempre termino poniendo la cocina hecha un cristo. En mi casa tengo lavavajillas, pero aquí no, y fastidia también fregar... aunque lo cierto es que ahora tengo spaguettis para dos días por lo menos.
Una sartén de aceite, bacon, chorizo, mantequilla, cebolla, perejil, ajo... a lo que después se añade sal y pimienta, además de guisantes.
Otra sartén de carne picada, a la que se agrega el tomate.
Un puchero para la pasta, luego cuélala y júntala en otro recipiente para mezclarlo con el resto...
Son muchas perolas, pero estaban exquisitos.
Ya sé que es una estupidez hacer unos spaguettis, pero hay spaguettis y spaguettis. Por cierto, que mi madre ahora sólo los hace como yo le dije y no como los cocinaba antes.
Coger un libro de cocina y buscar una foto que me llamara la atención entre tanta variedad no fue cosa fácil. El siguiente paso fue comprar los ingredientes que no tenía en casa en esos momentos. Y después me enfrasqué en la cocina durante casi dos horas mientras seguía las instrucciones tal y como decía la receta.
Ya sé que en la foto parecen comida de perro, pero lo cierto es que quien los prueba me halaga con tan sólo probarlos. Y así tengo amigos y amigas que, si vienen a mi casa a comer, quieren estos spaguettis y no otra cosa. Hay quien además me ha pedido la receta, que sólo dije en casa cuando ya me la sabía de memoria.
Yo creo que el truco está en el sofrito, o al menos mi padre los probó después de vérmelos hacer. Y es que ciertamente hasta entonces mi padre no probaba la pasta, no le gustaba. Pero basta que me hubiera visto hacerlos y basta que fueran mis primeros pinitos en la cocina para que se decantara por probarlos. Yo pensaba que lo hacía por darme gusto, guardándose la opinión de que realmente a él no le gustaban. Pero...
Un tiempo después recibí una llamada. Era mi madre para que le dijera cómo hacía los spaguettis pues mi padre quería ese día comer los spaguettis tal y como yo los preparaba. Conseguí que mi padre, tras muchos años sin probar la pasta, la probara como si nunca hubiera dejado de hacerlo. Me pregunto si a mí, engañada o no, me podrían hacer lo mismo con tal de comer pescado o queso o espinacas.
Y hoy me apetecían, aunque pasarme una hora en la cocina no. Siempre puede más el deseo de comer algo aunque no se tengan ganas de cocinarlo.
La verdad es que siempre termino poniendo la cocina hecha un cristo. En mi casa tengo lavavajillas, pero aquí no, y fastidia también fregar... aunque lo cierto es que ahora tengo spaguettis para dos días por lo menos.
Una sartén de aceite, bacon, chorizo, mantequilla, cebolla, perejil, ajo... a lo que después se añade sal y pimienta, además de guisantes.
Otra sartén de carne picada, a la que se agrega el tomate.
Un puchero para la pasta, luego cuélala y júntala en otro recipiente para mezclarlo con el resto...
Son muchas perolas, pero estaban exquisitos.
Ya sé que es una estupidez hacer unos spaguettis, pero hay spaguettis y spaguettis. Por cierto, que mi madre ahora sólo los hace como yo le dije y no como los cocinaba antes.
2 comentarios:
A ver cuando pruebo esos spaguettis :D
Cuando quieras :D
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