
Estos días me ha venido a la cabeza otro libro que me leí hace ya algunos años: Los pilares de la Tierra, pues en éste se habla de la construcción de una iglesia, la de Santa María de la Mar. Y si lo comparo con aquel otro es porque también éste merece la pena leer. Pero no todo es ficción, sino que casi toda la documentación de la época es real.
Recomendaría a todo el mundo que lo leyera, aunque lo que no recomiendo es leer lo que contaré después, porque me conozco y sé que terminaré destripándolo.
Dividido en cuatro partes bien diferenciadas: siervos de la tierra, siervos de la nobleza, siervos de la pasión y siervos del destino, el hilo de la historia gira en torno a un protagonista único: Arnau Estanyol, desde su nacimiento hasta su vejez, que comparte su vida con la iglesia que da nombre a la novela: Santa María de la Mar, construida en el siglo XIV.
Siervos de la tierra fueron sus padres, unos payeses catalanes que tuvieron mala suerte desde su primera noche de bodas. En medio de la celebración aparece el señor del castillo y la novia debe yacer con él por ley (las Usatges o leyes feudales mandaban). Francesca es violada por el barón de Bellera y el novio es obligado a yacer con ella después para consumar el matrimonio y demostrar su hombría. Un soldado del castillo está presente en ese momento.
Francesca queda embarazada. Y su marido, Bernat Estanyol, un payes trabajador, recuerda a su padre, a su abuelo y a todos sus antepasados. Su padre, muerto ese mismo año, le dijo que todo Estanyol tenía un lunar junto al ojo. Y se enorgullece al descubrir uno junto al ojo del pequeño Arnau mientras duerme en su cuna. La historia del lunar es un secreto a voces que llega al señor del castillo y éste requiere los servicios de Francesca para que amamante a su primogénito Jaume. Allí será violada, primero por el noble y después por sus soldados, echándola de allí en el momento en que le cuenta a su esposa que se ha convertido en la furcia de toda la soldadesca.
Abandonada a su suerte Francesca, Bernat saca información sobre lo que ocurre en el castillo y, con un poco de dinero ahorrado, recupera a su hijo, abandonado en un cobertizo, y huye con él a Barcelona.
Siervos de la nobleza comienza con la búsqueda de la hermana de Bernat, Guiamona, casada con un rico alfarero, que se avergüenza de él y le esconde en su casa, obligándole a ayudar en su taller a cambio de lecho y comida. Su hijo Arnau crece en la casa y recibe la misma educación que sus primos, los hijos de Grau Puig, que se convertirá en uno de los hombres más poderosos de Barcelona en el momento en que entre a formar parte del Consejo de los Cien.
Un día, los niños se escapan de casa, guiados por Margarida Puig, la mayor. Llegan al mar y uno de los niños cae al agua. Se pondrá enfermo y muere. Margarida echa la culpa a Arnau y éste no puede decir nada a su favor. Por consejo de su padre calla. Tras pasar un año en Barcelona se les consideraba ya hombres libres y Grau Puig se encargó de darles sus cartas de libertad, pero el niño tendría que compartir el techo de su padre y vivir con los obreros.
Arnau conoce entonces a Joanet, un niño que vive de las caricias que su madre, a la que no puede ver, le concede desde la ventana del cuartucho donde está encerrada. Se convertirán en grandes amigos. Allí es la primera vez que entran en contacto con la iglesia de Santa María de la Mar, y se dedican a darles agua a los bastaixos, los hombres que portaban piedras a sus espaldas por toda la ciudad condal. Desde entonces todos los días visitan a la Virgen María, la madre de los niños, y comienza la amistad con los bastaixos.
También se convoca por primera vez para los niños la host catalana al grito de Via Fora! por toda la ciudad. Esto existía realmente. Cuando algún señor feudal no cumplía la ley, todos los ciudadanos de Barcelona tenían la obligación de ir en su busca, los consejeros debían pedirle por las buenas que cediera y si no lo hacía atacaban la fortaleza. En esta host se reunieron para ir a "visitar" a un señor que retenía en sus tierras los ganados que se dirigían a Barcelona. Y es que también por ley, el ganado que entraba en la ciudad condal debía entrar vivo y se mataba dentro de sus murallas.
En el momento en que Grau Puig se queda viudo, deja el taller, pero se lleva a sus parientes al castillo que acaba de comprar para su nueva mujer, una baronesa que odia a los Estanyol por su condición humilde y que hará todo lo que esté en sus manos para humillarlos. Ellos terminan por desaparecer de sus vidas.
El rey del principado, Pedro III "el Ceremonioso", estaba en guerra constante contra Cerdeña, Córcega y Mallorca. En Barcelona comienza a escasear el grano y los ciudadanos se sublevan.
Uno de los instigadores de esa rebelión es el propio Bernat. Y los cabecillas del motín son ahorcados en una plaza. Arnau quema el cadáver de su padre y consigue escapar de los soldados.
Para entonces trabaja con los bastaixos, sus grandes amigos, y también devotos de Santa María del Mar.
Joan vive con él y con una pareja de ancianos, pero el sacerdote le convence para que siga el camino eclesiástico. Convertido en Joan tras la muerte de su madre, Joanet decide dedicar su vida a los estudios.
Como los viejos no pueden pagar, deciden alquilar una habitación, donde acogen a una familia de curtidores. Aledis, la hija mayor, se queda prendada de Arnau.
Siervos de la pasión habla del momento en que Arnau pide la mano de Aledis a su padre. Éste se niega y la casa con un lascivo vejestorio, maestro curtidor, al que ella odia. Pero un día se encuentra con Arnau, y comienza su pasión desenfrenada, a escondidas.
Arnau se casa con Maria, la hija de un prohombre de la cofradía de los bastaixos. Y ama a Aledis. Un día decide escapar, pues está en una especie de telaraña. Por un parte, está su mujer, comprensiva, educada, siempre bien dispuesta. Por otro lado, está Aledis, que le amenaza con contar sus encuentros sexuales.
Él aprovecha la estancia del rey en la ciudad condal para alistarse a las tropas que marchan hacia Mallorca. Allí aprenderá a matar: su vida está por encima de todo. Odia matar pero debe sobrevivir. Aledis le sigue, pero en el camino es raptada, violada y maltratada. Al final, las únicas personas que le dan comida y se apiadan de ella son un grupo de prostitutas, obligadas a vestir con sedas de colores brillantes y a no cubrir sus hombros, para reconocerlas con sólo mirarlas. La matrona es una vieja prostituta muy lista, de nombre Francesca. ¿Ya he hablado de Francesca, no? Se entera de que su hijo, aquel bebé al que tuvo que abandonar en un cobertizo, sobrevive, habla con él sin decirle quién es y al final aleja a Aledis de él, convirtiéndola en meretriz.
Cuando Arnau vuelve a Barcelona sigue con su mujer, sin saber nada de Aledis. Vive unos años tranquilo, pero desea un hijo que nunca llega. Lo que sí llega y deja en los huesos a la población es la peste, que se llevará a su mujer y a muchos amigos suyos. La culpa se la echan a los judíos, y en sus puertas se agolpan las gentes con el fin de matarlos. Arnau ve entonces indefensos a tres niños, con la rodela amarilla (símbolo judío), y con su esclavo. Y se enfrenta a los que se atreven a atacar a unos niños, les esconde en un cementerio de su iglesia, que nadie más que Joan (que estudia en la universidad de Bolonia) y él conocen, y el padre de los niños se lo agradecerá siempre.
La judería de Barcelona estaba siempre protegida por soldados del rey. Estaba mal visto hablar con judíos, no se mezclaban con las gentes catalanas y podían denunciar a la Inquisición. Los judíos, grandes comerciantes, pagaban grandes tributos al rey, y pagaban también la mayor parte de lo que éste invertía en la guerra. Por eso el rey les protegía.
El criado de Hasdai Crescas, el padre de los niños que salva Arnau, se convierte en criado de Arnau, convirtiéndose al cristianismo con el nombre de Guillem, y le enseña el negocio del cambista, con el que Arnau se enriquecerá. Se convertirá en cónsul del Comercio del Mar de Barcelona y su buen hacer y métodos justos son admirados por todos. Presta dinero a gente de humilde condición, que se lo devolverá moneda a moneda. Presta dinero al rey. Y acoge como ahijada a Mar, la hija de su querido amigo Ramon, bastaix de profesión, que pereció, junto a su esposa, por la peste.
Cuando la ciudad de Barcelona va a ser atacada por mar por el rey castellano, Pedro "el Cruel", Arnau será el héroe que cruce uno de sus balleneros en las tasques (bajíos) de acceso a la playa de Barcelona, con lo que impidirá que el rey castellano entre en la ciudad con sus barcos. Este hecho ocurrió verdaderamente.
La ciudad condal no tenía puerto y los barcos llegaban a sus playas. Estaban poco tiempo varados allí pues si había temporal no podrían salir.
Tras el acto heróico de Arnau, el rey le da un castillo y le otorga los derechos de barón, y también le concede la mano de su pupila, Elianor.
Cuando llegan al castillo, deroga todas las leyes de mal uso que se llevan a cabo con los campesinos, le parecen injustas. Así se busca muchos enemigos entre los señores feudales que están por debajo de él y que no consienten en rendir pleitesía a un hombre de orígenes inferiores, un siervo de la tierra.
Su esposa Elianor tampoco soporta verse casada con un hombre así, aunque goza de toda la riqueza que quiere, pero Arnau sólo tiene ojos para su niña, Mar.
Elianor quiere un heredero, pero Arnau no la tocará nunca. Tan sólo la quiere lejos.
Vuelven a Barcelona, donde compra las deudas de los Puig, y va a su casa a despojarles de la que ahora es su casa. Ellos le odian más que nunca.
Joan vuelve convertido en Fra Joan desde Bolonia y trama una treta con Elianor para sacar a Mar de su casa. Pagan a un joven caballero que les debe dinero para que la rapte y la desflore. Arnau convoca la host y toda Barcelona acude en su ayuda. Pero el caballero solicita su mano y, por ley, es legal. Arnau da el visto bueno, sin darse cuenta que además de condenar a Mar se condena a sí mismo.
Guillem sabía que Mar estaba enamorada de Arnau y clama al cielo. Termina huyendo a Pisa, en busca de sus orígenes, dejándole una carta a Arnau para que le envíe el documento que acredite su libertad.
Siervos del destino es la parte final. Las envidias y los odios hacen que Arnau sea denunciado al Tribunal de la Santa Inquisición por hereje y judaizante. Su amigo Hasdai y dos judíos más son quemados en la hoguera y él abraza a su hija Judith. Ese acto público es suficiente para que Elianor le acuse de tener una amante.
Cuando las malas noticias llegan a Pisa, Guillem sólo piensa en volver a la ciudad condal para ver si hay alguna solución. Éste será quien convoque la host catalana, con apoyo del rey y del veguer de Barcelona (a quienes ha condonado sus deudas) y Arnau y su madre (que niega ser pariente de Arnau) salen libres y sin cargos.
Mar, viuda, conoce a Aledis y se hacen grandes amigas. Y como es el destino y no podía ser de otra manera, Arnau se casa con Mar, tras descubrir todas las traiciones. Joan se había prendido fuego junto a la pecadora de Elianor.
Han pasado 55 años desde que empezara todo. Es la inauguración oficial de la iglesia de Santa María del Mar. La gente abre paso a tres personas respetables y admirables: Arnau Estanyol, Mar y el pequeño Bernat, que tiene un lunar junto al ojo. Allí están los tres, junto a su Virgen.

Recomendaría a todo el mundo que lo leyera, aunque lo que no recomiendo es leer lo que contaré después, porque me conozco y sé que terminaré destripándolo.
Dividido en cuatro partes bien diferenciadas: siervos de la tierra, siervos de la nobleza, siervos de la pasión y siervos del destino, el hilo de la historia gira en torno a un protagonista único: Arnau Estanyol, desde su nacimiento hasta su vejez, que comparte su vida con la iglesia que da nombre a la novela: Santa María de la Mar, construida en el siglo XIV.
Siervos de la tierra fueron sus padres, unos payeses catalanes que tuvieron mala suerte desde su primera noche de bodas. En medio de la celebración aparece el señor del castillo y la novia debe yacer con él por ley (las Usatges o leyes feudales mandaban). Francesca es violada por el barón de Bellera y el novio es obligado a yacer con ella después para consumar el matrimonio y demostrar su hombría. Un soldado del castillo está presente en ese momento.Francesca queda embarazada. Y su marido, Bernat Estanyol, un payes trabajador, recuerda a su padre, a su abuelo y a todos sus antepasados. Su padre, muerto ese mismo año, le dijo que todo Estanyol tenía un lunar junto al ojo. Y se enorgullece al descubrir uno junto al ojo del pequeño Arnau mientras duerme en su cuna. La historia del lunar es un secreto a voces que llega al señor del castillo y éste requiere los servicios de Francesca para que amamante a su primogénito Jaume. Allí será violada, primero por el noble y después por sus soldados, echándola de allí en el momento en que le cuenta a su esposa que se ha convertido en la furcia de toda la soldadesca.
Abandonada a su suerte Francesca, Bernat saca información sobre lo que ocurre en el castillo y, con un poco de dinero ahorrado, recupera a su hijo, abandonado en un cobertizo, y huye con él a Barcelona.

Siervos de la nobleza comienza con la búsqueda de la hermana de Bernat, Guiamona, casada con un rico alfarero, que se avergüenza de él y le esconde en su casa, obligándole a ayudar en su taller a cambio de lecho y comida. Su hijo Arnau crece en la casa y recibe la misma educación que sus primos, los hijos de Grau Puig, que se convertirá en uno de los hombres más poderosos de Barcelona en el momento en que entre a formar parte del Consejo de los Cien.
Un día, los niños se escapan de casa, guiados por Margarida Puig, la mayor. Llegan al mar y uno de los niños cae al agua. Se pondrá enfermo y muere. Margarida echa la culpa a Arnau y éste no puede decir nada a su favor. Por consejo de su padre calla. Tras pasar un año en Barcelona se les consideraba ya hombres libres y Grau Puig se encargó de darles sus cartas de libertad, pero el niño tendría que compartir el techo de su padre y vivir con los obreros.
Arnau conoce entonces a Joanet, un niño que vive de las caricias que su madre, a la que no puede ver, le concede desde la ventana del cuartucho donde está encerrada. Se convertirán en grandes amigos. Allí es la primera vez que entran en contacto con la iglesia de Santa María de la Mar, y se dedican a darles agua a los bastaixos, los hombres que portaban piedras a sus espaldas por toda la ciudad condal. Desde entonces todos los días visitan a la Virgen María, la madre de los niños, y comienza la amistad con los bastaixos.
También se convoca por primera vez para los niños la host catalana al grito de Via Fora! por toda la ciudad. Esto existía realmente. Cuando algún señor feudal no cumplía la ley, todos los ciudadanos de Barcelona tenían la obligación de ir en su busca, los consejeros debían pedirle por las buenas que cediera y si no lo hacía atacaban la fortaleza. En esta host se reunieron para ir a "visitar" a un señor que retenía en sus tierras los ganados que se dirigían a Barcelona. Y es que también por ley, el ganado que entraba en la ciudad condal debía entrar vivo y se mataba dentro de sus murallas.
En el momento en que Grau Puig se queda viudo, deja el taller, pero se lleva a sus parientes al castillo que acaba de comprar para su nueva mujer, una baronesa que odia a los Estanyol por su condición humilde y que hará todo lo que esté en sus manos para humillarlos. Ellos terminan por desaparecer de sus vidas.
El rey del principado, Pedro III "el Ceremonioso", estaba en guerra constante contra Cerdeña, Córcega y Mallorca. En Barcelona comienza a escasear el grano y los ciudadanos se sublevan.
Uno de los instigadores de esa rebelión es el propio Bernat. Y los cabecillas del motín son ahorcados en una plaza. Arnau quema el cadáver de su padre y consigue escapar de los soldados.
Para entonces trabaja con los bastaixos, sus grandes amigos, y también devotos de Santa María del Mar.
Joan vive con él y con una pareja de ancianos, pero el sacerdote le convence para que siga el camino eclesiástico. Convertido en Joan tras la muerte de su madre, Joanet decide dedicar su vida a los estudios.
Como los viejos no pueden pagar, deciden alquilar una habitación, donde acogen a una familia de curtidores. Aledis, la hija mayor, se queda prendada de Arnau.

Siervos de la pasión habla del momento en que Arnau pide la mano de Aledis a su padre. Éste se niega y la casa con un lascivo vejestorio, maestro curtidor, al que ella odia. Pero un día se encuentra con Arnau, y comienza su pasión desenfrenada, a escondidas.
Arnau se casa con Maria, la hija de un prohombre de la cofradía de los bastaixos. Y ama a Aledis. Un día decide escapar, pues está en una especie de telaraña. Por un parte, está su mujer, comprensiva, educada, siempre bien dispuesta. Por otro lado, está Aledis, que le amenaza con contar sus encuentros sexuales.
Él aprovecha la estancia del rey en la ciudad condal para alistarse a las tropas que marchan hacia Mallorca. Allí aprenderá a matar: su vida está por encima de todo. Odia matar pero debe sobrevivir. Aledis le sigue, pero en el camino es raptada, violada y maltratada. Al final, las únicas personas que le dan comida y se apiadan de ella son un grupo de prostitutas, obligadas a vestir con sedas de colores brillantes y a no cubrir sus hombros, para reconocerlas con sólo mirarlas. La matrona es una vieja prostituta muy lista, de nombre Francesca. ¿Ya he hablado de Francesca, no? Se entera de que su hijo, aquel bebé al que tuvo que abandonar en un cobertizo, sobrevive, habla con él sin decirle quién es y al final aleja a Aledis de él, convirtiéndola en meretriz.
Cuando Arnau vuelve a Barcelona sigue con su mujer, sin saber nada de Aledis. Vive unos años tranquilo, pero desea un hijo que nunca llega. Lo que sí llega y deja en los huesos a la población es la peste, que se llevará a su mujer y a muchos amigos suyos. La culpa se la echan a los judíos, y en sus puertas se agolpan las gentes con el fin de matarlos. Arnau ve entonces indefensos a tres niños, con la rodela amarilla (símbolo judío), y con su esclavo. Y se enfrenta a los que se atreven a atacar a unos niños, les esconde en un cementerio de su iglesia, que nadie más que Joan (que estudia en la universidad de Bolonia) y él conocen, y el padre de los niños se lo agradecerá siempre.
La judería de Barcelona estaba siempre protegida por soldados del rey. Estaba mal visto hablar con judíos, no se mezclaban con las gentes catalanas y podían denunciar a la Inquisición. Los judíos, grandes comerciantes, pagaban grandes tributos al rey, y pagaban también la mayor parte de lo que éste invertía en la guerra. Por eso el rey les protegía.
El criado de Hasdai Crescas, el padre de los niños que salva Arnau, se convierte en criado de Arnau, convirtiéndose al cristianismo con el nombre de Guillem, y le enseña el negocio del cambista, con el que Arnau se enriquecerá. Se convertirá en cónsul del Comercio del Mar de Barcelona y su buen hacer y métodos justos son admirados por todos. Presta dinero a gente de humilde condición, que se lo devolverá moneda a moneda. Presta dinero al rey. Y acoge como ahijada a Mar, la hija de su querido amigo Ramon, bastaix de profesión, que pereció, junto a su esposa, por la peste.
Cuando la ciudad de Barcelona va a ser atacada por mar por el rey castellano, Pedro "el Cruel", Arnau será el héroe que cruce uno de sus balleneros en las tasques (bajíos) de acceso a la playa de Barcelona, con lo que impidirá que el rey castellano entre en la ciudad con sus barcos. Este hecho ocurrió verdaderamente.
La ciudad condal no tenía puerto y los barcos llegaban a sus playas. Estaban poco tiempo varados allí pues si había temporal no podrían salir.
Tras el acto heróico de Arnau, el rey le da un castillo y le otorga los derechos de barón, y también le concede la mano de su pupila, Elianor.
Cuando llegan al castillo, deroga todas las leyes de mal uso que se llevan a cabo con los campesinos, le parecen injustas. Así se busca muchos enemigos entre los señores feudales que están por debajo de él y que no consienten en rendir pleitesía a un hombre de orígenes inferiores, un siervo de la tierra.
Su esposa Elianor tampoco soporta verse casada con un hombre así, aunque goza de toda la riqueza que quiere, pero Arnau sólo tiene ojos para su niña, Mar.
Elianor quiere un heredero, pero Arnau no la tocará nunca. Tan sólo la quiere lejos.
Vuelven a Barcelona, donde compra las deudas de los Puig, y va a su casa a despojarles de la que ahora es su casa. Ellos le odian más que nunca.
Joan vuelve convertido en Fra Joan desde Bolonia y trama una treta con Elianor para sacar a Mar de su casa. Pagan a un joven caballero que les debe dinero para que la rapte y la desflore. Arnau convoca la host y toda Barcelona acude en su ayuda. Pero el caballero solicita su mano y, por ley, es legal. Arnau da el visto bueno, sin darse cuenta que además de condenar a Mar se condena a sí mismo.
Guillem sabía que Mar estaba enamorada de Arnau y clama al cielo. Termina huyendo a Pisa, en busca de sus orígenes, dejándole una carta a Arnau para que le envíe el documento que acredite su libertad.

Siervos del destino es la parte final. Las envidias y los odios hacen que Arnau sea denunciado al Tribunal de la Santa Inquisición por hereje y judaizante. Su amigo Hasdai y dos judíos más son quemados en la hoguera y él abraza a su hija Judith. Ese acto público es suficiente para que Elianor le acuse de tener una amante.
Cuando las malas noticias llegan a Pisa, Guillem sólo piensa en volver a la ciudad condal para ver si hay alguna solución. Éste será quien convoque la host catalana, con apoyo del rey y del veguer de Barcelona (a quienes ha condonado sus deudas) y Arnau y su madre (que niega ser pariente de Arnau) salen libres y sin cargos.
Mar, viuda, conoce a Aledis y se hacen grandes amigas. Y como es el destino y no podía ser de otra manera, Arnau se casa con Mar, tras descubrir todas las traiciones. Joan se había prendido fuego junto a la pecadora de Elianor.
Han pasado 55 años desde que empezara todo. Es la inauguración oficial de la iglesia de Santa María del Mar. La gente abre paso a tres personas respetables y admirables: Arnau Estanyol, Mar y el pequeño Bernat, que tiene un lunar junto al ojo. Allí están los tres, junto a su Virgen.

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