
Hay veces que es fácil prever lo que puede ocurrir en cierto ámbito o con ciertas personas. A mí me ocurre en muchas ocasiones.
Si me iba a una capea perdida en medio del desierto campo charro me llevaba una mochilla llena de cosas que podría necesitar. Mis amigas se desternillaban de risa cuando en el burladero, mientras veíamos a las vaquillas, nos liábamos tabaco mientras que las miradas iban en nuestra dirección. ¿Qué pasaba? Que en aquel lugar perdido de la mano de Dios no vendían tabaco pero yo había llevado bastante tabaco de liar y papel como para abastecernos durante toda la tarde, aunque mientras andábamos en la tarea muchos pensaran que nos estábamos liando petas.
Siempre llevo el móvil cuando conduzco y siempre miro el bolso dos veces antes de salir. Otras veces, cuando estoy en el portal, suelo acordarme de la caldera y tiendo a subir de nuevo para asegurarme de que está apagada. De la misma forma no me gusta perder el control con el alcohol e intento no volver sola a casa.
Soy previsora con los hombres en el sentido de que desconfío de todos como hombres, aunque no como amigos. Me han hecho tanto daño que temo darles nada de mí. A veces pienso en todo lo que podría decir y sin embargo callo. Cierro los ojos y dejo la mente en blanco. Sueño, como cualquier persona, y a veces me duele soñar.
Hace un año que empecé a frecuentar un sitio. Llevaba observándolo hace mucho tiempo y sabía que ahí había mucha gente sedienta de crueldad. Así que hice algo de lo que no me arrepiento. Preví lo que iba a ocurrir, que ha ocurrido, ciertamente. Pero ¿quién se ríe más, quien ha intentado jugármela o quien ha sido previsor sabiendo que tiene la partida ganada?
Dicen que quien calla otorga. No me pronuncio al respecto. Hay unos pocos que saben la verdad porque merecen saberla.
Ahora bien, ¿qué hice? Eso lo dejo para otra ocasión, si tengo ganas.
Si me iba a una capea perdida en medio del desierto campo charro me llevaba una mochilla llena de cosas que podría necesitar. Mis amigas se desternillaban de risa cuando en el burladero, mientras veíamos a las vaquillas, nos liábamos tabaco mientras que las miradas iban en nuestra dirección. ¿Qué pasaba? Que en aquel lugar perdido de la mano de Dios no vendían tabaco pero yo había llevado bastante tabaco de liar y papel como para abastecernos durante toda la tarde, aunque mientras andábamos en la tarea muchos pensaran que nos estábamos liando petas.
Siempre llevo el móvil cuando conduzco y siempre miro el bolso dos veces antes de salir. Otras veces, cuando estoy en el portal, suelo acordarme de la caldera y tiendo a subir de nuevo para asegurarme de que está apagada. De la misma forma no me gusta perder el control con el alcohol e intento no volver sola a casa.
Soy previsora con los hombres en el sentido de que desconfío de todos como hombres, aunque no como amigos. Me han hecho tanto daño que temo darles nada de mí. A veces pienso en todo lo que podría decir y sin embargo callo. Cierro los ojos y dejo la mente en blanco. Sueño, como cualquier persona, y a veces me duele soñar.
Hace un año que empecé a frecuentar un sitio. Llevaba observándolo hace mucho tiempo y sabía que ahí había mucha gente sedienta de crueldad. Así que hice algo de lo que no me arrepiento. Preví lo que iba a ocurrir, que ha ocurrido, ciertamente. Pero ¿quién se ríe más, quien ha intentado jugármela o quien ha sido previsor sabiendo que tiene la partida ganada?
Dicen que quien calla otorga. No me pronuncio al respecto. Hay unos pocos que saben la verdad porque merecen saberla.
Ahora bien, ¿qué hice? Eso lo dejo para otra ocasión, si tengo ganas.
2 comentarios:
No tengo nada que decir que no sepas ya.
Me alegro ser de de los pocos que se han ganado tu confianza y saben lo que hay realmente, pero recuerda lo que te dije ayer, no te fies de cualquiera.
Sigo desconfiando de cualquiera. Dar confianza cuesta tiempo y mucho diálogo. Y cuando la das cuesta mucho dar marcha atrás, por eso es preciso asegurarse de quién está al otro lado.
Aunque nunca se sabe. Hablo con todo el mundo hasta que me dan algo bueno o malo. Entonces sólo hay dos caminos: romper con esa persona o seguir adelante.
Las relaciones humanas no son fáciles, pero dar confianza es mucho más complicado, sobre todo cuando tu mente es consciente de que no te puedes fiar de nadie.
En nuestra mano está ¿no?
Ya sabes lo que se dice: "Amigos... los justos". ¡Qué gran verdad!
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