
¿Qué fue en su época aquella gran familia de origen valenciano que tanto poder llegó a tener en la mismísima Roma? Campanas me sonaban sobre que varios Borgia habían llegado a ser Papas y que Lucrecia era una víbora que controlaba miles de plantas para hacer venenos que acabaran con sus enemigos.
Por no saber mucho sobre el tema quizás me compré este libro. Para enterarme bien de quiénes eran y cuál fue su papel en la Historia y, por supuesto, con miras a ver la película homónima que ahora está en cartelera en un breve espacio de tiempo.
Cuando este libro llegó a mis manos no imaginaba qué tipo de literatura era, pues en un principio pensé que sería una novela histórica más, pero no es así, sino que realmente es un estudio histórico sobre la familia Borgia, más cercano a un manual de Historia que al género novelesco. Si el autor no fuera lo suficientemente ameno es posible que hubiera dejado de leer el libro en los primeros capítulos, pero la lectura se disfruta, pues nos la cuenta con el más puro objetivismo, siempre desde un punto de vista más que benévolo, pues si bien siempre se habla de los Borgia como una familia maldita (y maligna) el autor les excusa alegando que estaban motivados por las exigencias de su época, y quizás no le falte razón.
Los Borja eran una familia valenciana, proveniente de Játiva, que terminaron italianizando su apellido al llegar a Roma en los albores del siglo XV.
El cardenal Alfonso Borja se instaló en Roma, llevándose a sus dos sobrinos predilectos: Pedro Luis y Rodrigo. Cuando Alfonso se convierte en el Papa Calixto III les otorga a sus sobrinos propiedades y sedes eclesiásticas tanto en España como en Italia, lo que les confiere bastante poder. Pedro Luis murió joven. Rodrigo fue elevado al puesto de vicecanciller del Vaticano, el segundo mando en la curia elesiástica después del Papa. En ese cargo seguirá durante el mandato de cinco Papas, hasta que él mismo llegue a ser el heredero de Pedro en la tierra.
Era habitual que los religiosos de aquella época se rodearan de amantes que les dieran herederos. Es larga la descendencia de Rodrigo Borgia, que llegó a ser Alejandro VI, pero sus hijos reconocidos fueron Juan, César, Lucrecia y Jofré, amén de la recua de bastardos que engrosarían los censos romanos.
Si su tío no tiene mucho mérito como jefe supremo de la Iglesia Católica, Alejandro VI fue el artífice de un poder ilimitado. Si bien repartió bienes preciados y deseados entre los más cercanos a él (algo que se hacía a menudo), es decir, entre sus familiares, se granjeó grandes enemigos. El Papa era un buen estratega, que hizo cosas buenas en el Vaticano, muchas veces buscando su propio beneficio.
A su primogénito, Juan, se le designó el control del ejército vaticano, que no supo llevar a buen puerto. Con una Italia amenazada por las potencias española y francesa, teniendo en contra al reino de Nápoles, con los turcos guerreando en el sur y con adineradas familias italianas que se proclamaban acérrimos enemigos de los Borgia, el ejército vaticano tenía que lidiar en muchos frentes, labor que Juan Borgia no supo hacer. Derrotado regresa a Roma y unos días después aparece asesinado, se cree que fue por mandato de su hermano.
César Borgia fue designado para tomar los votos eclesiásticos, contra su voluntad, pues él ansiaba el cargo que tenía su hermano mayor, cargo que obtendrá rompiendo los votos y convirtiéndose en comandante de las tropas vaticanas, firmando tratados con Francia, donde se le concede un ducado por el cual se le llamará el Valentino, derrotó a Nápoles y otros vasallos que no querían pagar tributos a la Iglesia... Como jefe del ejército vaticano era considerado casi un héroe hasta que sucumbió al caos inevitable.
Lucrecia Borgia fue quizás la más desdichada de la familia. Con una belleza espectacular, curtida en las artes de la época, haciéndose acompañar de artistas y con una oratoria admirable, su padre dispuso para ella matrimonios de conveniencia que no cuajaron lo suficiente, al menos los tres primeros. Con su unión a Alfonso d´Este, Lucrecia se marcha a Ferrara con su marido, y no volverá a ver a ninguno de sus familiares.
Jofré fue un hijo debilucho y anónimo que murió demasiado joven.
Un día, Alejandro VI y César Borgia son invitados a una espléndida cena que será su final, pues fueron envenenados. El Papa murió varios días después. César sobrevivió al veneno pero no a la muerte de su padre. Giuliano della Rovere, convertido en el Papa Julio II, y el peor enemigo de la familia Borgia, ordena que se aprese a César Borgia, que había huido de Roma hacia España, donde pereció en la batalla. Y así decae la que fue una de las grandes familias del siglo XV.
Por no saber mucho sobre el tema quizás me compré este libro. Para enterarme bien de quiénes eran y cuál fue su papel en la Historia y, por supuesto, con miras a ver la película homónima que ahora está en cartelera en un breve espacio de tiempo.
Cuando este libro llegó a mis manos no imaginaba qué tipo de literatura era, pues en un principio pensé que sería una novela histórica más, pero no es así, sino que realmente es un estudio histórico sobre la familia Borgia, más cercano a un manual de Historia que al género novelesco. Si el autor no fuera lo suficientemente ameno es posible que hubiera dejado de leer el libro en los primeros capítulos, pero la lectura se disfruta, pues nos la cuenta con el más puro objetivismo, siempre desde un punto de vista más que benévolo, pues si bien siempre se habla de los Borgia como una familia maldita (y maligna) el autor les excusa alegando que estaban motivados por las exigencias de su época, y quizás no le falte razón.
Los Borja eran una familia valenciana, proveniente de Játiva, que terminaron italianizando su apellido al llegar a Roma en los albores del siglo XV.
El cardenal Alfonso Borja se instaló en Roma, llevándose a sus dos sobrinos predilectos: Pedro Luis y Rodrigo. Cuando Alfonso se convierte en el Papa Calixto III les otorga a sus sobrinos propiedades y sedes eclesiásticas tanto en España como en Italia, lo que les confiere bastante poder. Pedro Luis murió joven. Rodrigo fue elevado al puesto de vicecanciller del Vaticano, el segundo mando en la curia elesiástica después del Papa. En ese cargo seguirá durante el mandato de cinco Papas, hasta que él mismo llegue a ser el heredero de Pedro en la tierra.
Era habitual que los religiosos de aquella época se rodearan de amantes que les dieran herederos. Es larga la descendencia de Rodrigo Borgia, que llegó a ser Alejandro VI, pero sus hijos reconocidos fueron Juan, César, Lucrecia y Jofré, amén de la recua de bastardos que engrosarían los censos romanos.
Si su tío no tiene mucho mérito como jefe supremo de la Iglesia Católica, Alejandro VI fue el artífice de un poder ilimitado. Si bien repartió bienes preciados y deseados entre los más cercanos a él (algo que se hacía a menudo), es decir, entre sus familiares, se granjeó grandes enemigos. El Papa era un buen estratega, que hizo cosas buenas en el Vaticano, muchas veces buscando su propio beneficio.
A su primogénito, Juan, se le designó el control del ejército vaticano, que no supo llevar a buen puerto. Con una Italia amenazada por las potencias española y francesa, teniendo en contra al reino de Nápoles, con los turcos guerreando en el sur y con adineradas familias italianas que se proclamaban acérrimos enemigos de los Borgia, el ejército vaticano tenía que lidiar en muchos frentes, labor que Juan Borgia no supo hacer. Derrotado regresa a Roma y unos días después aparece asesinado, se cree que fue por mandato de su hermano.
César Borgia fue designado para tomar los votos eclesiásticos, contra su voluntad, pues él ansiaba el cargo que tenía su hermano mayor, cargo que obtendrá rompiendo los votos y convirtiéndose en comandante de las tropas vaticanas, firmando tratados con Francia, donde se le concede un ducado por el cual se le llamará el Valentino, derrotó a Nápoles y otros vasallos que no querían pagar tributos a la Iglesia... Como jefe del ejército vaticano era considerado casi un héroe hasta que sucumbió al caos inevitable.
Lucrecia Borgia fue quizás la más desdichada de la familia. Con una belleza espectacular, curtida en las artes de la época, haciéndose acompañar de artistas y con una oratoria admirable, su padre dispuso para ella matrimonios de conveniencia que no cuajaron lo suficiente, al menos los tres primeros. Con su unión a Alfonso d´Este, Lucrecia se marcha a Ferrara con su marido, y no volverá a ver a ninguno de sus familiares.
Jofré fue un hijo debilucho y anónimo que murió demasiado joven.
Un día, Alejandro VI y César Borgia son invitados a una espléndida cena que será su final, pues fueron envenenados. El Papa murió varios días después. César sobrevivió al veneno pero no a la muerte de su padre. Giuliano della Rovere, convertido en el Papa Julio II, y el peor enemigo de la familia Borgia, ordena que se aprese a César Borgia, que había huido de Roma hacia España, donde pereció en la batalla. Y así decae la que fue una de las grandes familias del siglo XV.
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