
Más de 7500 presos viven hacinados en el penal de Carandirú (Brasil). Las condiciones higiénicas son nulas. La mugre se acumula en todas las celdas sin excepción. El SIDA se extiende más rápido que el respirar. Los cuchillos van pasando de unas manos a otras. Los ajustes de cuentas están a la orden del día. Lo que ocurre en la cárcel se arregla dentro de la cárcel. La droga es una fiel compañera para esos hombres que, cuando sean libres por fin, habrán perdido su juventud, saldrán libres para esperar una muerte digna.
Toda una vida tras las rejas.
Pero detrás de cada rostro, cada mirada, cada sonrisa... hay un mundo, una vida, una causa por la cual ven pasar los días en aquella prisión.
El doctor llega a la prisión y descubre y conoce cada historia, intenta convencerles de que aquello es un foco de SIDA. Se integra con ellos y sus vidas. Es testigo directo de cada circunstancia personal: de por qué Teixeira se vuelve loco de repente o porqué Lady Di se ha convertido en un sarasa con pechos de silicona, por qué Xico decía que podía con ellas, pero al final las drogas pudieron con él, y tantos otros...
El motín estalla por una trifulca entre dos bandos y los presos toman la prisión. El ejército está a punto de entrar, pero el alcaide les convence de que depongan todas sus armas y vuelvan a sus celdas. Ellos acatan las condiciones con la creencia de que las fuerzas armadas no entrarán.
Pero las puertas se abren. Allí se lían a tiros con muchos presos. La mugre y la suciedad se cubren, en cuestión de horas, con ríos de sangre. Los presos no podían defenderse. Fue una masacre.
¿Qué ocurrió en Carandirú realmente?
La matanza de Carandirú tuvo lugar el 2 de octubre de 1992 en el Penal de Detención de Carandirú en São Paulo. Se considera como la mayor violación de los Derechos Humanos en la historia de Brasil.
La matanza comenzó por una pelea entre diferentes grupos, incitada por los prisioneros. Cuando el alboroto de la prisión se hizo difícil de controlar, la policía militar entró en Carandirú. El resultado fue la matanza de 111 prisioneros: 102 de heridas de balas disparadas por la policía y 9 por puñaladas, al parecer infligidas por otros prisioneros antes de la llegada de la policía. Ninguno de los 68 policías que habían entrado murió en el ataque.
El coronel Ubiratan Guimarães, que dirigió la operación, fue sentenciado inicialmente a 632 años en prisión por su papel en la rebelión y en la matanza. El 16 de febrero de 2006 un tribunal aceptó en otro juicio el argumento de Guimarães de que él sólo recibía órdenes superiores. Grupos de Derechos Humanos etiquetaron esta situación como "un paso hacia atrás" y como la contribución a impunidad respecto a la violencia policíaca en Brasil. Guimarães, que además era miembro de la legislatura estatal de São Paulo, fue asesinado en septiembre de 2006, en un crimen que al parecer no tenía nada que ver con lo ocurrido en Carandirú.
Estos acontecimientos se narran en el libro Estación Carandirú del Dr. Dráuzio Varella, que inspiró la película "Carandirú" (2003). También de estos hechos se habló en la canción Manifest del grupo Sepultura, en las canciones Diario del um Detento y Vida Loca III del grupo Racionais y en 19 Rebellions del grupo británico Asian Dub Foundation.
La masacre de Carandirú consternó a otros presos brasileños, algunos de los cuales formaron en 1994 una organización delictiva llamada Primer Orden de la Capital.
El penal de Carandirú fue demolido en 2002.

Toda una vida tras las rejas.
Pero detrás de cada rostro, cada mirada, cada sonrisa... hay un mundo, una vida, una causa por la cual ven pasar los días en aquella prisión.
El doctor llega a la prisión y descubre y conoce cada historia, intenta convencerles de que aquello es un foco de SIDA. Se integra con ellos y sus vidas. Es testigo directo de cada circunstancia personal: de por qué Teixeira se vuelve loco de repente o porqué Lady Di se ha convertido en un sarasa con pechos de silicona, por qué Xico decía que podía con ellas, pero al final las drogas pudieron con él, y tantos otros...
El motín estalla por una trifulca entre dos bandos y los presos toman la prisión. El ejército está a punto de entrar, pero el alcaide les convence de que depongan todas sus armas y vuelvan a sus celdas. Ellos acatan las condiciones con la creencia de que las fuerzas armadas no entrarán.
Pero las puertas se abren. Allí se lían a tiros con muchos presos. La mugre y la suciedad se cubren, en cuestión de horas, con ríos de sangre. Los presos no podían defenderse. Fue una masacre.
¿Qué ocurrió en Carandirú realmente?
La matanza de Carandirú tuvo lugar el 2 de octubre de 1992 en el Penal de Detención de Carandirú en São Paulo. Se considera como la mayor violación de los Derechos Humanos en la historia de Brasil.
La matanza comenzó por una pelea entre diferentes grupos, incitada por los prisioneros. Cuando el alboroto de la prisión se hizo difícil de controlar, la policía militar entró en Carandirú. El resultado fue la matanza de 111 prisioneros: 102 de heridas de balas disparadas por la policía y 9 por puñaladas, al parecer infligidas por otros prisioneros antes de la llegada de la policía. Ninguno de los 68 policías que habían entrado murió en el ataque.
El coronel Ubiratan Guimarães, que dirigió la operación, fue sentenciado inicialmente a 632 años en prisión por su papel en la rebelión y en la matanza. El 16 de febrero de 2006 un tribunal aceptó en otro juicio el argumento de Guimarães de que él sólo recibía órdenes superiores. Grupos de Derechos Humanos etiquetaron esta situación como "un paso hacia atrás" y como la contribución a impunidad respecto a la violencia policíaca en Brasil. Guimarães, que además era miembro de la legislatura estatal de São Paulo, fue asesinado en septiembre de 2006, en un crimen que al parecer no tenía nada que ver con lo ocurrido en Carandirú.
Estos acontecimientos se narran en el libro Estación Carandirú del Dr. Dráuzio Varella, que inspiró la película "Carandirú" (2003). También de estos hechos se habló en la canción Manifest del grupo Sepultura, en las canciones Diario del um Detento y Vida Loca III del grupo Racionais y en 19 Rebellions del grupo británico Asian Dub Foundation.
La masacre de Carandirú consternó a otros presos brasileños, algunos de los cuales formaron en 1994 una organización delictiva llamada Primer Orden de la Capital.
El penal de Carandirú fue demolido en 2002.

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