
Cuando ha pasado un año desde un hecho importante suelo acordarme como si hubiera ocurrido hace un momento, tiendo a revivir aquel día. La mente no deja de hacerse una pregunta reiteradamente: "¿Y si hubiera sido de otra forma?". Intento borrar todos los recuerdos desde aquel enero de 2006 hasta hace relativamente pocos meses, pero hay personas que nos dejan una huella muy profunda y no es tan fácil de olvidar. Éste es uno de esos casos.
Hoy lo recuerdo y lo añoro con afecto. Tantos momentos pasados... para terminar por convertirse en una especie de sueño, en algo ficticio, en algo que actualmente dudo si fue real o imaginario.
Es una historia triste. Un día conoces a alguien y vives el presente, buscando sus palabras y sus sonrisas; no piensas en el final ni en que un día eso puede acabar para siempre. Aparece la confianza, se tercia en complicidad. Un tiempo después esa persona se ha ido, ya no está, ha dejado una brecha lo suficientemente amplia para que, en un tiempo, yo me tambaleara, me hiciera mil preguntas sobre y acerca de todo. Todo se ha convertido en aire. No sé dónde fue. Aún después me quedaba la esperanza, el hecho de saber que seguía ahí o que volvería, pero no fue así. Un día la esperanza dio lugar a la indiferencia.
A veces le recuerdo como un ángel que se cruzó en mi camino. Fue aquélla una buena época, colmada de risas y momentos tiernos y felices. Sinceramente no sé que pasó. Estoy segura de que ese ángel quería que le recordara con dulzura y quizás por eso se fue. Con dulzura le recuerdo, pero terminó el tiempo de añorarle.
El vacío que dejó era inmenso. Un día me olvidé de que había un hueco tan profundo abierto en mi vida. Ni siquiera me propuse llenarlo porque no estoy segura de querer que alguien ocupe ese lugar. Y sin embargo, me da la sensación de que ese ángel a veces sigue estando ahí, por ejemplo en mis recuerdos, aunque ya no forma parte de mis sueños ni de mis ilusiones.
Ha pasado un año desde que apareciera en mi vida un ángel.
Mucha gente se podría preguntar por qué digo que es un ángel. Él ya lo sabe. Enero es para mí un mes maldito. Entonces estaba yo al borde del precipicio. Cuando estás así y alguien te salva se convierte en un ángel. He borrado todas las huellas negativas de su paso por mi vida pues, a pesar de todo, seguirá siendo un ángel, aunque ya no distinga siquiera su figura entre las nubes. Me enseñó a valorar pequeñas cosas de la vida, a ser un poquito más feliz, a mirar todo desde un punto de vista optimista. Me enseñó a sonreír de nuevo.
Hace un año ya...
Hoy lo recuerdo y lo añoro con afecto. Tantos momentos pasados... para terminar por convertirse en una especie de sueño, en algo ficticio, en algo que actualmente dudo si fue real o imaginario.
Es una historia triste. Un día conoces a alguien y vives el presente, buscando sus palabras y sus sonrisas; no piensas en el final ni en que un día eso puede acabar para siempre. Aparece la confianza, se tercia en complicidad. Un tiempo después esa persona se ha ido, ya no está, ha dejado una brecha lo suficientemente amplia para que, en un tiempo, yo me tambaleara, me hiciera mil preguntas sobre y acerca de todo. Todo se ha convertido en aire. No sé dónde fue. Aún después me quedaba la esperanza, el hecho de saber que seguía ahí o que volvería, pero no fue así. Un día la esperanza dio lugar a la indiferencia.
A veces le recuerdo como un ángel que se cruzó en mi camino. Fue aquélla una buena época, colmada de risas y momentos tiernos y felices. Sinceramente no sé que pasó. Estoy segura de que ese ángel quería que le recordara con dulzura y quizás por eso se fue. Con dulzura le recuerdo, pero terminó el tiempo de añorarle.
El vacío que dejó era inmenso. Un día me olvidé de que había un hueco tan profundo abierto en mi vida. Ni siquiera me propuse llenarlo porque no estoy segura de querer que alguien ocupe ese lugar. Y sin embargo, me da la sensación de que ese ángel a veces sigue estando ahí, por ejemplo en mis recuerdos, aunque ya no forma parte de mis sueños ni de mis ilusiones.
Ha pasado un año desde que apareciera en mi vida un ángel.
Mucha gente se podría preguntar por qué digo que es un ángel. Él ya lo sabe. Enero es para mí un mes maldito. Entonces estaba yo al borde del precipicio. Cuando estás así y alguien te salva se convierte en un ángel. He borrado todas las huellas negativas de su paso por mi vida pues, a pesar de todo, seguirá siendo un ángel, aunque ya no distinga siquiera su figura entre las nubes. Me enseñó a valorar pequeñas cosas de la vida, a ser un poquito más feliz, a mirar todo desde un punto de vista optimista. Me enseñó a sonreír de nuevo.
Hace un año ya...
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