

Ese día había decidido visitar el famoso museo dedicado al automóvil de Stuttgart, el de Mercedes-Benz. Y es que irremediablemente, si visitas Alemania, debes ver uno de estos museos. El de BMW está en Munich y el de Volkswagen no tengo ni idea. Pero entonces estaba en Stuttgart y aquel museo estaba ubicado en la calle que lleva su nombre.
Me costó siglos encontrar el museo. Y aunque reconozco que mi sentido de la orientación es bastante bueno, aquel día me perdí, por un simple error. Cogí el plano del metro y me bajé en la parada que se llamaba Mercedesstraße, igual que la calle donde estaba el museo. Pero la calle no estaba en la parada del metro, sino más lejos.
Después de dar mil vueltas al plano de la ciudad de Stuttgart paré a una chica en la calle y le pregunté. Se echó a reír y me indicó el camino, asegurándome que no estaba muy lejos, pero que tendría que caminar por una carretera, todo recto.
A pesar de que el camino era aburrido, iba por una senda llena de árboles junto a la carretera, me encontré al lado del estadio de fútbol, el Gottlieb Daimler, inmenso. Al otro lado de la carretera había un bloque de cuatro pisos de aparcamientos, que mediante un puente cruzaba por encima en dirección al estadio.
En el horizonte se veía, por fin, el ansiado museo que yo llevaba media mañana buscando. El 90% de los turistas que querían entrar al museo eran japoneses, que están en todos los sitios. Desde la entrada tenías que esperar un autobús que te llevaba entre edificios y edificios hasta la puerta del museo. Y es que realmente aquello era la ciudad de Mercedes-Benz, pues todos los edificios pertenecían a la compañía. Era una pequeña ciudad dentro de otra gran ciudad. Y me consta que no fabricaban allí, sino que eran todo oficinas. Justo donde se cogía entonces el autobús estaban construyendo el nuevo museo, con una estructura original y gigante. Actualmente ya habrán trasladado los automóviles y estará abierto al público. Parece ser que el museo que yo vi se les había quedado pequeño.
Allí estaba la historia del primer coche bicicleta que alguna vez han sacado en algún spot publicitario, cómo termina formando esa línea que tienen los automóviles de hoy en día. Estaban expuestos los Fórmula 1 y sus predecesores, coches de carreras, coches antiguos y muy pocos modernos, coches de gángsters...
Pensaba que no me iba a gustar, pero fue todo lo contrario. La verdad es que había merecido la pena visitar aquel museo.

Me costó siglos encontrar el museo. Y aunque reconozco que mi sentido de la orientación es bastante bueno, aquel día me perdí, por un simple error. Cogí el plano del metro y me bajé en la parada que se llamaba Mercedesstraße, igual que la calle donde estaba el museo. Pero la calle no estaba en la parada del metro, sino más lejos.
Después de dar mil vueltas al plano de la ciudad de Stuttgart paré a una chica en la calle y le pregunté. Se echó a reír y me indicó el camino, asegurándome que no estaba muy lejos, pero que tendría que caminar por una carretera, todo recto.
A pesar de que el camino era aburrido, iba por una senda llena de árboles junto a la carretera, me encontré al lado del estadio de fútbol, el Gottlieb Daimler, inmenso. Al otro lado de la carretera había un bloque de cuatro pisos de aparcamientos, que mediante un puente cruzaba por encima en dirección al estadio.
En el horizonte se veía, por fin, el ansiado museo que yo llevaba media mañana buscando. El 90% de los turistas que querían entrar al museo eran japoneses, que están en todos los sitios. Desde la entrada tenías que esperar un autobús que te llevaba entre edificios y edificios hasta la puerta del museo. Y es que realmente aquello era la ciudad de Mercedes-Benz, pues todos los edificios pertenecían a la compañía. Era una pequeña ciudad dentro de otra gran ciudad. Y me consta que no fabricaban allí, sino que eran todo oficinas. Justo donde se cogía entonces el autobús estaban construyendo el nuevo museo, con una estructura original y gigante. Actualmente ya habrán trasladado los automóviles y estará abierto al público. Parece ser que el museo que yo vi se les había quedado pequeño.
Allí estaba la historia del primer coche bicicleta que alguna vez han sacado en algún spot publicitario, cómo termina formando esa línea que tienen los automóviles de hoy en día. Estaban expuestos los Fórmula 1 y sus predecesores, coches de carreras, coches antiguos y muy pocos modernos, coches de gángsters...
Pensaba que no me iba a gustar, pero fue todo lo contrario. La verdad es que había merecido la pena visitar aquel museo.

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