Mi nombre es Alí. He nacido en cualquier país de la zona islámica, no recuerdo bien si fue en las montañas afganas, en Arabia Saudí, en el seno de la guerrilla somalí, en El Cairo o en Beirut. Desde joven viví entre bombas y, un día, huyendo de la onda expansiva del estallido de un autobús a manos de un “kamikaze” cerca de la frontera con Israel, entré en contacto con la “yihad”.
Su nombre en clave era Yusef y su rostro me resultaba familiar. Era un hombre por cuya cabeza se ofrecía una gran recompensa. Me habló de los jóvenes educados por su Hermandad, unos jóvenes que profesaban un antioccidentalismo acérrimo, que se entrenaban para luchar contra sus enemigos, y que se adoctrinaban en las enseñanzas de Alá.
Sin pensarlo dos veces me fui con él. Llegamos a Pakistán, donde de inmediato fui introducido en un campo de entrenamiento de los “muyahidin”. En aquel sitio, había miles de jóvenes como yo. Muchos estaban allí alegando que habían sido secuestrados. Yo había llegado por iniciativa propia. Me dejé la barba larga, como se obliga en el régimen talibán. Empecé a llevar siempre conmigo mi kalachnikov. Me enseñaron a manejar los misiles "Stinger". Éramos adoctrinados en el Corán y no nos importaba morir por nuestra causa.
Un día le vi. Allí estaba nuestro más famoso héroe: Osama Ben Laden, la cabeza pensante de tantos atentados terroristas internacionales. No me importa morir por él, pues él dice que gracias a nuestra lucha santa llegaremos a las puertas del paraíso, un lugar privilegiado y designado para sólo unos pocos elegidos.
Éste bien podría ser el testimonio de cualquier joven árabe introducido hábilmente en el fundamentalismo islámico. Evidentemente es algo de invención propia, imaginándome difícilmente lo que puede pasar por la cabeza de tantos jóvenes árabes a quienes no les importa morir luchando contra los países occidentales. Es la “Guerra Santa”.
En nombre de Osama Ben Laden es un libro complejo. Dan muchas cosas por supuestas, aunque informan de muchas otras que te hacen temblar con sólo leerlas.
Cuenta cómo aquel joven saudita, multimillonario, y cuya familia tiene relaciones directas con la familia del rey Fahd de Arabia Saudí, pudiendo elegir una vida próspera con el incalculable legado de empresas que dirigía, prefirió luchar por la causa árabe, contribuyendo como el que más al panislamismo oriental.
Según el libro, los occidentales es posible que no sepamos el largo alcance que tienen los brazos de la "Hermandad Ben Laden" en todo el mundo, de tal forma que si quisiera podría atentar en cualquier lugar del mundo con sólo dar una orden.
Al-Qaeda es la rama armada de la "Hermandad Ben Laden", la que se encarga de los atentados terroristas, cuyo objetivo es siempre asesinar y aterrorizar a los civiles, en primer lugar, estadounidenses y, en segundo término, judíos y europeos, todos aquellos a los que los islamistas llaman “infieles”.
Hay facciones “dormidas” bien instaladas en Europa (sobre todo en Londres y en París), así como miles de “estudiantes” en el continente americano, y otros miles de integristas controlando toda la zona árabe.
Ben Laden, de origen saudí y convertido en un prófugo y en un apátrida de su país por ponerse en contra de las ideas del gobierno saudí y exigirles su apoyo a la causa islámica, además de criticar su apoyo a los Estados Unidos en la Guerra del Golfo, huye con sus mujeres e hijos a Sudán. Allí estuvo en un tiempo su centro de operaciones, pero cuando se pone precio a su cabeza también debe huir, terminando por esconderse en las escarpadas montañas afganas.
Su organización terrorista es financiada no sólo por el dinero que le reportan sus empresas a través de bancos europeos libres de impuestos, muchos de ellos suizos, sino también porque su organización tiene el control del opio y de la adormidera (componente de la heroína) de la zona oriental.
Jóvenes que apoyan la causa árabe son entrenados en campos dirigidos por talibanes y “muyahidines” en Pakistán, Somalia, Afganistán e Indonesia, muchos de ellos son secuestrados. Les lavan el cerebro de tal forma que no les pese aparecer en cualquier ciudad del mundo con una bomba encima, asegurándoles que el mundo que les espera después es mucho mejor que éste.
Hay mucha información en el libro. Lo que deja claro es que encontrar al hombre más buscado en estos momentos por el FBI es como encontrar una aguja en un pajar.
De menos complejidad es el segundo libro, Osama Bin Laden, apto para leer en pocas horas. En comparación con el primero da menos datos pero explica de una manera más comprensible todo aquello que rodea al terrorismo islámico. Aunque, desde mi parecer, sobra el primer capítulo donde se describe el macabro atentado del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center de Nueva York. Todo el mundo sabe lo que ocurrió aquel día y la repetición sobra, teniendo en cuenta que la autora intenta unir esos hechos con la trayectoria terrorista e ideológica de Osama Ben Laden.
Este hombre, que abandonó una vida desahogada y próspera a favor del movimiento islámico, se ha convertido en el enemigo número uno de los Estados Unidos, de los judíos y, en menor medida, de los cruzados europeos (cristianos). Su Guerra Santa (yihad) no tiene fronteras. Financia a su vasto grupo muchas veces con fondos personales.
En su juventud, Osama entró en contacto con el modo de vida occidental: le gustaban las mujeres y el alcohol y se escapaba a ciudades como Beirut (donde no estaban prohibidos) para abastecerse de los máximos placeres de la carne. Hay que tener en cuenta que dos de las prohibiciones del Corán son el alcohol y el adulterio. Podía haber seguido por ese camino, pero un día entró en razón, y empezó a relacionarse con religiosos que condenaban a tantos jóvenes árabes que llevaban una vida de descontrol y perdición: el virus occidental.
Ben Laden entra en la escena internacional en un momento clave en la historia: cuando la Unión Soviética invade Afganistán para llevar el control político del país. Éste podría considerarse el punto de partida de la yihad, que comienza a tomar un poder que nunca hasta entonces había tenido. Los árabes, provistos de armamento y dinero recibidos de Estados Unidos, consiguen echar a los rusos de suelo afgano. Esta ambigüedad es increíble hoy en día, suena paradójico pero así es. La invasión rusa de Afganistán ocurre en plena Guerra Fría. Así que Estados Unidos intentó controlar la zona y detener a los rusos, aliándose con aquellos que en un futuro serían sus peores enemigos. Aprovisionó a los afganos de misiles tierra-aire, llamados "Stinger", que son capaces de derribar aviones. Pero los que lucharon contra los rusos no eran sólo afganos, sino que árabes de muchos países islámicos acudieron a la llamada.
Osama Ben Laden utilizó mucho dinero para construir campos de aprendizaje para la lucha armada contra los soviéticos, compró armas, buscó terroristas para que entrenaran a los jóvenes que habían venido a luchar. Y se da cuenta de que Estados Unidos no está allí por su causa, sino porque no quiere que la Unión Soviética se fortalezca.
Echados los rusos de Afganistán, el control del país cae en manos de los talib, constituyéndose como el primer estado verdaderamente islámico. Automáticamente se imponen unas reglas antioccidentales (llamadas "fatwa"), muy rígidas en la población: los afganos tienen que deshacerse de todos los aparatos de radio y televisión que son el cáncer que contamina el mundo islámico, así como de cintas y todos los elementos de difusión occidental; las mujeres están obligadas a llevar el burqa, una prenda que va desde la cabeza a los pies, y que cubre los ojos con una gasa que limita el campo de visión, además de que no pueden salir a la calle si no es acompañadas de un miembro varón de su familia, tampoco pueden llevar tacones altos ni maquillaje; los hombres deben acudir obligatoriamente todos los viernes a rezar a la mezquita y están obligados a dejarse crecer la barba; están prohibidos el alcohol, el tabaco, el adulterio y comer carne de cerdo, tal y como obliga el Corán... Para llevar estas medidas a cabo está la policía religiosa, que siembra el terror en el pueblo afgano, con una tiranía ilimitada. Y a la vez se convierte este país en símbolo de la yihad, puesto que es la primera nación que ha conseguido “depurar” su territorio de la plaga occidental.
Tras la expulsión de los rusos, inmediatamente se vuelven contra Estados Unidos. Los fundamentalistas islámicos se ven fuertes tras esa victoria y creen que también pueden luchar contra la primera gran superpotencia mundial pues creen que es el germen de todos sus males.
Pero antes hay un giro inexperado. Sadam Hussein invade Kuwait y el reino de Arabia Saudí teme que los iraquíes sobrepasen las fronteras. Es la Guerra del Golfo, donde casi todos los países de alrededor se involucran. Osama tiene un ejército de afganos, entrenados desde hace décadas contra los rusos, y se lo ofrece al ministro de defensa de Arabia Saudí, alegando que ésa es una guerra entre hermanos árabes y que la entrada de cualquier país occidental en ella es peligrosa y puede contaminar las esferas religiosas. El ministro no le hace caso y pide ayuda a los americanos, que acuden raudos al Golfo Pérsico, donde consiguen que las tropas iraquíes se repleguen. La llegada del ejército americano a Arabia Saudí abre una brecha entre Osama Ben Laden y la monarquía de su país, hasta entonces gran amiga de su familia. Tan grande es la brecha que los gobernantes saudíes le terminarán quitando la ciudadanía.
Huye a Sudán con su familia, donde vive en una modesta casa, desviando fondos siempre hacia la causa árabe. Su odio hacia Estados Unidos se va acrecentando, a la vez que crea campos de entrenamiento de jóvenes integristas islámicos en varios países de Oriente Medio y en Asia.
Tras los atentados terroristas a las embajadas americanas en Kenia y Tanzania, todos los ojos miran en una dirección: Osama Ben Laden, que aunque niega tener nada que ver en sendos atentados, se convierte en el hombre más buscado del mundo y con la recompensa más alta. Esto ayuda sin duda al mito en que se ha convertido entre los suyos.
Su dinero sigue financiando los atentados, aunque él niegue que tenga nada que ver en los mismos. Sobre el gobierno de Sudán cae la amenaza estadounidense para que entreguen al líder “santo” y Osama debe huir de nuevo. Esta vez se refugia en las montañas de Afganistán, donde los talibán, de un modo u otro, le protegen. Desde allí da órdenes y sigue proveyendo a su ejército de jóvenes islamistas de armas y dinero para llevar a cabo los atentados más inesperados, a la vez que son adoctrinados en el Corán.
También mete baza en el cuerno de África, sobre todo en Somalia, un lugar estratégico donde tiene el objetivo de imponer sus ideas religiosas, aprovechándose se las imágenes de pobreza del país, aquejada sobre todo por una guerra civil que no tiene visos de terminar, lo que hace venir a tantos soldados estadounidenses en misiones humanitarias, soldados a los que terminan echando del territorio somalí.
Las tácticas de la Guerra Santa son las de luchar con un enemigo (Estados Unidos) que a la hora de contraatacar no encuentra nada frente a sí.
Un asesino para el mundo occidental, un héroe para los suyos.
Su nombre en clave era Yusef y su rostro me resultaba familiar. Era un hombre por cuya cabeza se ofrecía una gran recompensa. Me habló de los jóvenes educados por su Hermandad, unos jóvenes que profesaban un antioccidentalismo acérrimo, que se entrenaban para luchar contra sus enemigos, y que se adoctrinaban en las enseñanzas de Alá.
Sin pensarlo dos veces me fui con él. Llegamos a Pakistán, donde de inmediato fui introducido en un campo de entrenamiento de los “muyahidin”. En aquel sitio, había miles de jóvenes como yo. Muchos estaban allí alegando que habían sido secuestrados. Yo había llegado por iniciativa propia. Me dejé la barba larga, como se obliga en el régimen talibán. Empecé a llevar siempre conmigo mi kalachnikov. Me enseñaron a manejar los misiles "Stinger". Éramos adoctrinados en el Corán y no nos importaba morir por nuestra causa.
Un día le vi. Allí estaba nuestro más famoso héroe: Osama Ben Laden, la cabeza pensante de tantos atentados terroristas internacionales. No me importa morir por él, pues él dice que gracias a nuestra lucha santa llegaremos a las puertas del paraíso, un lugar privilegiado y designado para sólo unos pocos elegidos.
Éste bien podría ser el testimonio de cualquier joven árabe introducido hábilmente en el fundamentalismo islámico. Evidentemente es algo de invención propia, imaginándome difícilmente lo que puede pasar por la cabeza de tantos jóvenes árabes a quienes no les importa morir luchando contra los países occidentales. Es la “Guerra Santa”.
En nombre de Osama Ben Laden es un libro complejo. Dan muchas cosas por supuestas, aunque informan de muchas otras que te hacen temblar con sólo leerlas.Cuenta cómo aquel joven saudita, multimillonario, y cuya familia tiene relaciones directas con la familia del rey Fahd de Arabia Saudí, pudiendo elegir una vida próspera con el incalculable legado de empresas que dirigía, prefirió luchar por la causa árabe, contribuyendo como el que más al panislamismo oriental.
Según el libro, los occidentales es posible que no sepamos el largo alcance que tienen los brazos de la "Hermandad Ben Laden" en todo el mundo, de tal forma que si quisiera podría atentar en cualquier lugar del mundo con sólo dar una orden.
Al-Qaeda es la rama armada de la "Hermandad Ben Laden", la que se encarga de los atentados terroristas, cuyo objetivo es siempre asesinar y aterrorizar a los civiles, en primer lugar, estadounidenses y, en segundo término, judíos y europeos, todos aquellos a los que los islamistas llaman “infieles”.
Hay facciones “dormidas” bien instaladas en Europa (sobre todo en Londres y en París), así como miles de “estudiantes” en el continente americano, y otros miles de integristas controlando toda la zona árabe.
Ben Laden, de origen saudí y convertido en un prófugo y en un apátrida de su país por ponerse en contra de las ideas del gobierno saudí y exigirles su apoyo a la causa islámica, además de criticar su apoyo a los Estados Unidos en la Guerra del Golfo, huye con sus mujeres e hijos a Sudán. Allí estuvo en un tiempo su centro de operaciones, pero cuando se pone precio a su cabeza también debe huir, terminando por esconderse en las escarpadas montañas afganas.
Su organización terrorista es financiada no sólo por el dinero que le reportan sus empresas a través de bancos europeos libres de impuestos, muchos de ellos suizos, sino también porque su organización tiene el control del opio y de la adormidera (componente de la heroína) de la zona oriental.
Jóvenes que apoyan la causa árabe son entrenados en campos dirigidos por talibanes y “muyahidines” en Pakistán, Somalia, Afganistán e Indonesia, muchos de ellos son secuestrados. Les lavan el cerebro de tal forma que no les pese aparecer en cualquier ciudad del mundo con una bomba encima, asegurándoles que el mundo que les espera después es mucho mejor que éste.
Hay mucha información en el libro. Lo que deja claro es que encontrar al hombre más buscado en estos momentos por el FBI es como encontrar una aguja en un pajar.
De menos complejidad es el segundo libro, Osama Bin Laden, apto para leer en pocas horas. En comparación con el primero da menos datos pero explica de una manera más comprensible todo aquello que rodea al terrorismo islámico. Aunque, desde mi parecer, sobra el primer capítulo donde se describe el macabro atentado del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center de Nueva York. Todo el mundo sabe lo que ocurrió aquel día y la repetición sobra, teniendo en cuenta que la autora intenta unir esos hechos con la trayectoria terrorista e ideológica de Osama Ben Laden.Este hombre, que abandonó una vida desahogada y próspera a favor del movimiento islámico, se ha convertido en el enemigo número uno de los Estados Unidos, de los judíos y, en menor medida, de los cruzados europeos (cristianos). Su Guerra Santa (yihad) no tiene fronteras. Financia a su vasto grupo muchas veces con fondos personales.
En su juventud, Osama entró en contacto con el modo de vida occidental: le gustaban las mujeres y el alcohol y se escapaba a ciudades como Beirut (donde no estaban prohibidos) para abastecerse de los máximos placeres de la carne. Hay que tener en cuenta que dos de las prohibiciones del Corán son el alcohol y el adulterio. Podía haber seguido por ese camino, pero un día entró en razón, y empezó a relacionarse con religiosos que condenaban a tantos jóvenes árabes que llevaban una vida de descontrol y perdición: el virus occidental.
Ben Laden entra en la escena internacional en un momento clave en la historia: cuando la Unión Soviética invade Afganistán para llevar el control político del país. Éste podría considerarse el punto de partida de la yihad, que comienza a tomar un poder que nunca hasta entonces había tenido. Los árabes, provistos de armamento y dinero recibidos de Estados Unidos, consiguen echar a los rusos de suelo afgano. Esta ambigüedad es increíble hoy en día, suena paradójico pero así es. La invasión rusa de Afganistán ocurre en plena Guerra Fría. Así que Estados Unidos intentó controlar la zona y detener a los rusos, aliándose con aquellos que en un futuro serían sus peores enemigos. Aprovisionó a los afganos de misiles tierra-aire, llamados "Stinger", que son capaces de derribar aviones. Pero los que lucharon contra los rusos no eran sólo afganos, sino que árabes de muchos países islámicos acudieron a la llamada.
Osama Ben Laden utilizó mucho dinero para construir campos de aprendizaje para la lucha armada contra los soviéticos, compró armas, buscó terroristas para que entrenaran a los jóvenes que habían venido a luchar. Y se da cuenta de que Estados Unidos no está allí por su causa, sino porque no quiere que la Unión Soviética se fortalezca.
Echados los rusos de Afganistán, el control del país cae en manos de los talib, constituyéndose como el primer estado verdaderamente islámico. Automáticamente se imponen unas reglas antioccidentales (llamadas "fatwa"), muy rígidas en la población: los afganos tienen que deshacerse de todos los aparatos de radio y televisión que son el cáncer que contamina el mundo islámico, así como de cintas y todos los elementos de difusión occidental; las mujeres están obligadas a llevar el burqa, una prenda que va desde la cabeza a los pies, y que cubre los ojos con una gasa que limita el campo de visión, además de que no pueden salir a la calle si no es acompañadas de un miembro varón de su familia, tampoco pueden llevar tacones altos ni maquillaje; los hombres deben acudir obligatoriamente todos los viernes a rezar a la mezquita y están obligados a dejarse crecer la barba; están prohibidos el alcohol, el tabaco, el adulterio y comer carne de cerdo, tal y como obliga el Corán... Para llevar estas medidas a cabo está la policía religiosa, que siembra el terror en el pueblo afgano, con una tiranía ilimitada. Y a la vez se convierte este país en símbolo de la yihad, puesto que es la primera nación que ha conseguido “depurar” su territorio de la plaga occidental.
Tras la expulsión de los rusos, inmediatamente se vuelven contra Estados Unidos. Los fundamentalistas islámicos se ven fuertes tras esa victoria y creen que también pueden luchar contra la primera gran superpotencia mundial pues creen que es el germen de todos sus males.
Pero antes hay un giro inexperado. Sadam Hussein invade Kuwait y el reino de Arabia Saudí teme que los iraquíes sobrepasen las fronteras. Es la Guerra del Golfo, donde casi todos los países de alrededor se involucran. Osama tiene un ejército de afganos, entrenados desde hace décadas contra los rusos, y se lo ofrece al ministro de defensa de Arabia Saudí, alegando que ésa es una guerra entre hermanos árabes y que la entrada de cualquier país occidental en ella es peligrosa y puede contaminar las esferas religiosas. El ministro no le hace caso y pide ayuda a los americanos, que acuden raudos al Golfo Pérsico, donde consiguen que las tropas iraquíes se repleguen. La llegada del ejército americano a Arabia Saudí abre una brecha entre Osama Ben Laden y la monarquía de su país, hasta entonces gran amiga de su familia. Tan grande es la brecha que los gobernantes saudíes le terminarán quitando la ciudadanía.
Huye a Sudán con su familia, donde vive en una modesta casa, desviando fondos siempre hacia la causa árabe. Su odio hacia Estados Unidos se va acrecentando, a la vez que crea campos de entrenamiento de jóvenes integristas islámicos en varios países de Oriente Medio y en Asia.
Tras los atentados terroristas a las embajadas americanas en Kenia y Tanzania, todos los ojos miran en una dirección: Osama Ben Laden, que aunque niega tener nada que ver en sendos atentados, se convierte en el hombre más buscado del mundo y con la recompensa más alta. Esto ayuda sin duda al mito en que se ha convertido entre los suyos.
Su dinero sigue financiando los atentados, aunque él niegue que tenga nada que ver en los mismos. Sobre el gobierno de Sudán cae la amenaza estadounidense para que entreguen al líder “santo” y Osama debe huir de nuevo. Esta vez se refugia en las montañas de Afganistán, donde los talibán, de un modo u otro, le protegen. Desde allí da órdenes y sigue proveyendo a su ejército de jóvenes islamistas de armas y dinero para llevar a cabo los atentados más inesperados, a la vez que son adoctrinados en el Corán.
También mete baza en el cuerno de África, sobre todo en Somalia, un lugar estratégico donde tiene el objetivo de imponer sus ideas religiosas, aprovechándose se las imágenes de pobreza del país, aquejada sobre todo por una guerra civil que no tiene visos de terminar, lo que hace venir a tantos soldados estadounidenses en misiones humanitarias, soldados a los que terminan echando del territorio somalí.
Las tácticas de la Guerra Santa son las de luchar con un enemigo (Estados Unidos) que a la hora de contraatacar no encuentra nada frente a sí.
Un asesino para el mundo occidental, un héroe para los suyos.
5 comentarios:
Interesante articulo.
Segun desde que prisma se mire es heroe o villano, aunque para mi obviamente es villano ya que esta en contra de mi modo de vida y si por el fuera nos borraria de la faz de la tierra como infieles que somos. Me llama la atencion lo de afganistan, esa vuelta al medievo que impusieron a la poblacion por un fanatismo estupido que no lleva a ninguna parte. Ademas, tengo entendido que llegaron a prohibir el futbol, y el campo donde antes se disputaban encuentros fue usado como campo de ejecucion para los opositores al regimen.
Realmente triste.
Yo no imaginaba que las medidas eran tantas, sí sabía que habían impuesto reglas muy severas, pero no me imaginaba hasta qué punto...
Las mujeres son nada menos que tratadas como animales :S
Es posible que el fútbol esté prohibido puesto que es un deporte occidental (cifr. Wikipedia: Las bases del fútbol, tal y como hoy lo conocemos, se definieron en el Freemason´s Tavern, Londres, en 1863).
En los libros que me he leído no pone nada respecto de los deportes. Supongo que para profundizar tendríamos que buscar un manual de Derecho islámico.
Se me ha olvidado decir que también se metieron en el conflicto de la ex Yugoslavia, apoyando al pueblo bosnio, porque Bin Laden se dio cuenta de que necesitaba controlar una parte de Europa. Por supuesto, aprovisionó a Bosnia-Herzegovina de armamento aunque supuestamente los grupos árabes sólo iban en misión humanitaria. ¿Quién se cree esto?
Si tengo que elegir me quedo con la novela histórica, pero a veces me da por leer cosas realistas, en ese afán innato de satisfacer curiosidades y dar respuesta a preguntas que nos hacemos a diario, sobre todo al leer los periódicos, respecto a por qué está ocurriendo esto o lo otro en el mundo.
Bin Laden sigue siendo una amenaza para todas las potencias occidentales. Quizás no sepamos hasta qué punto. Al menos podemos estar seguros de que no tiene armas nucleares, y las ha intentado buscar, incluso se ha puesto en contacto con expertos en la materia, sin resultados óptimos. Y menos mal...
Yo no sabía hasta qué punto estaba tan implicado en acontecimientos que hemos visto a diario en la última década en los noticiarios, como la guerra de los Balcanes, la guerra del Golfo Pérsico, el hambre en Somalia... Resulta que no son acontecimientos tan aislados como pueden parecer en principio, sino que tienen un denominador común, que no es otro que Bin Laden.
Estados Unidos intentó convencer al régimen talibán de que entregara al líder islámico y la única contestación de los afganos fue: "No sabemos en qué parte de las montañas está".
Esperemos que algún día den con él, aunque parezca remotamente imposible.
Teniendo en cuenta que aquellos tipos se liaron a tiros con bazocas contra los budas gigantes, milenarios y que eran patrimonio de la humanidad, el que te llame la atención que prohibieran el fútbol, hace que me llame la atención xDD
en realidad fue con dinamita, pero si, es mofoso que nos fijemos en el furbol y no en eso
y tampoco verian de pequeños oliver y benji, manda huevos
Es verdad que fue con dinamita, pero en la tele se vió a alguno que otro que se animó con el tema y le zumbó un par de pepinazos, por si buda no se había enterado xDD
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