Hace pocos días que escuché la noticia de que la Casa Blanca era un plagio arquitectónico de un castillo francés, concretamente el llamado Château de Rastignac, cerca de Burdeos.
El castillo de Rastignac es una réplica en amarillo de la residencia presidencial de Washington DC. Sus paredes también alojan un despacho oval. La fachada noble del palacio sorprende por sus seis columnas jónicas que la delimitan de manera semicircular a imagen y semejanza del edificio americano.
Allí vive una familia holandesa, los Smets, que se ha tomado muy en serio los trabajos de restauración y que ha recopilado suficiente material histórico para alegar con total seguridad que la Casa Blanca es una copia del castillo francés.
La tradición descartó esa posibilidad porque el castillo de Rastignac se construyó en 1817, es decir, una década más tarde de erigirse su equivalente estadounidense. Entonces se dio por supuesto que el arquitecto de Rastignac había copiado al autor de la Casa Blanca. Pero la verdad está muy lejos de eso. Los documentos históricos demuestran que el proyecto de Rastignac ya estaba dibujado y calculado en 1789, pero tuvo que suspenderse obligatoriamente con la irrupción de la Revolución Francesa. El marqués de Pierre-Jean-Julie Chapt de Rastignac escapó hacia la actual Alemania, escapando de la guillotina. Antes, había dispuesto que debía construirse un palacio en La Bachellerie sobre los restos de una antigua propiedad familiar, pero los trabajos se aplazaron hasta los años 1812-1817, ignorando que la idea del peristilo jónico ya estaba construida en la fachada sur de la Casa Blanca de Washington.
Podría aventurarse que la coincidencia es fruto de la moda neoclásica de la época, aunque la similitud milimétrica de una y otra residencia requiere una respuesta más convincente.
El historiador francés François le Neil se ha ocupado de buscar la realidad de la construcción de los dos edificios. Este hombre ha puesto en evidencia el papel sospechoso de Thomas Jefferson (1743-1826). El tercer presidente de los Estados Unidos, amante de la arquitectura, fue también embajador en París (concretamente ministro plenipotenciario). Existen pruebas que ubican al político norteamericano en una visita a la sede de la Societé Historique et Archéologique du Perigord. Allí, Jefferson trabó amistad con el arquitecto Charles-Louis Clérisseau, que pudo haberle suministrado los diseños originales y los detalles distintivos que darían lugar, tiempo después, a la construcción de la famosa Casa Blanca.
Thomas Jefferson convirtió el proyecto político en una oportunidad para realizarse, implícitamente, como arquitecto. Junto a él estaba el aparejador James Hoban, a quien expuso la idea de convertir la residencia de Washington en un reflejo de las modas arquitectónicas europeas. Con los planos del todavía inexistente palacio de Rastignac dieron personalidad a la fachada sur y habilitaron la construcción del despacho oval.
Jefferson, proclamado presidente en 1801, comenzó a habitar la Casa Blanca un año después y vio realizado su proyecto final entre 1806 y 1809. Había construido su hogar a medida, y también el de los siguientes 40 inquilinos del palacio hasta llegar a George W. Bush.
El palacio americano no puede explicarse sin los planos de Rastignac. François le Neil afirma que es posible que Jefferson se hiciera con una copia depositada en la Societé Historique y se la entregara al arquitecto James Hoban.
Mathurin Salat fue el artífice que dibujó la originalidad de la fachada, gracias a la cual puede identificarse el centro de poder en el que habitaron dos Roosevelt, Kennedy y Reagan. Y donde paralelamente reside la familia Smets, cuyo patriarca se enorgullece de haber adecentado seis habitaciones y de haberse propuesto devolverle al palacio francés el esplendor que conoció en el siglo XIX.
El Château de Rastignac está rodeado de historia. Los hechos más graves ocurrieron en 1944, cuando las tropas alemanas prendieron fuego al edificio: ardieron los techos y las moquetas, se desconcharon las paredes, se vinieron abajo varios techos y pilares. Querían vengarse y no se marcharon con las manos vacías. Se llevaron casi todas las obras de arte que decoraban el edificio antes de que estallara la IIª Guerra Mundial: un botín de 32 lienzos, entre los que constan un autorretrato de Cézanne, un paisaje de Manet, varias pinturas de Bonnard y un cuadro de Pissarro. Nunca se tuvo noticia de su ubicación ni han aparecido pistas para localizarlas. Se supone que están colgadas clandestinamente en la colección particular de algún magnate. El tesoro de Rastignac constituye uno de los grandes misterios de la retirada nazi.
Las autoridades francesas declararon monumento histórico el castillo de Rastignac en 1946 y ayudaron en la restauración, que fue incompleta y circunstancial.
El castillo de Rastignac atrae no sólo por el parecido con la Casa Blanca, sino también por las historias de fantasmas y de mitos literarios que habitaron el palacio. El marqués de Rastignac no es solamente un personaje de ficción inventado por Balzac (La comedia humana). La bailarina Cléo de Mérode, rival histórica de Sara Bernhardt sobre el escenario de la Bélle Epoque, vivió entre estas paredes para alejarse del jaleo mundano.
Medio siglo después, los turistas americanos que visitan la zona de Burdeos, aparte del vino y el foie típicos, pueden encontrarse con un espejismo en piedra esperando la aparición del fantasma de Jefferson.
El castillo de Rastignac es una réplica en amarillo de la residencia presidencial de Washington DC. Sus paredes también alojan un despacho oval. La fachada noble del palacio sorprende por sus seis columnas jónicas que la delimitan de manera semicircular a imagen y semejanza del edificio americano.
Allí vive una familia holandesa, los Smets, que se ha tomado muy en serio los trabajos de restauración y que ha recopilado suficiente material histórico para alegar con total seguridad que la Casa Blanca es una copia del castillo francés.La tradición descartó esa posibilidad porque el castillo de Rastignac se construyó en 1817, es decir, una década más tarde de erigirse su equivalente estadounidense. Entonces se dio por supuesto que el arquitecto de Rastignac había copiado al autor de la Casa Blanca. Pero la verdad está muy lejos de eso. Los documentos históricos demuestran que el proyecto de Rastignac ya estaba dibujado y calculado en 1789, pero tuvo que suspenderse obligatoriamente con la irrupción de la Revolución Francesa. El marqués de Pierre-Jean-Julie Chapt de Rastignac escapó hacia la actual Alemania, escapando de la guillotina. Antes, había dispuesto que debía construirse un palacio en La Bachellerie sobre los restos de una antigua propiedad familiar, pero los trabajos se aplazaron hasta los años 1812-1817, ignorando que la idea del peristilo jónico ya estaba construida en la fachada sur de la Casa Blanca de Washington.
Podría aventurarse que la coincidencia es fruto de la moda neoclásica de la época, aunque la similitud milimétrica de una y otra residencia requiere una respuesta más convincente.
El historiador francés François le Neil se ha ocupado de buscar la realidad de la construcción de los dos edificios. Este hombre ha puesto en evidencia el papel sospechoso de Thomas Jefferson (1743-1826). El tercer presidente de los Estados Unidos, amante de la arquitectura, fue también embajador en París (concretamente ministro plenipotenciario). Existen pruebas que ubican al político norteamericano en una visita a la sede de la Societé Historique et Archéologique du Perigord. Allí, Jefferson trabó amistad con el arquitecto Charles-Louis Clérisseau, que pudo haberle suministrado los diseños originales y los detalles distintivos que darían lugar, tiempo después, a la construcción de la famosa Casa Blanca.
Thomas Jefferson convirtió el proyecto político en una oportunidad para realizarse, implícitamente, como arquitecto. Junto a él estaba el aparejador James Hoban, a quien expuso la idea de convertir la residencia de Washington en un reflejo de las modas arquitectónicas europeas. Con los planos del todavía inexistente palacio de Rastignac dieron personalidad a la fachada sur y habilitaron la construcción del despacho oval.Jefferson, proclamado presidente en 1801, comenzó a habitar la Casa Blanca un año después y vio realizado su proyecto final entre 1806 y 1809. Había construido su hogar a medida, y también el de los siguientes 40 inquilinos del palacio hasta llegar a George W. Bush.
El palacio americano no puede explicarse sin los planos de Rastignac. François le Neil afirma que es posible que Jefferson se hiciera con una copia depositada en la Societé Historique y se la entregara al arquitecto James Hoban.
Mathurin Salat fue el artífice que dibujó la originalidad de la fachada, gracias a la cual puede identificarse el centro de poder en el que habitaron dos Roosevelt, Kennedy y Reagan. Y donde paralelamente reside la familia Smets, cuyo patriarca se enorgullece de haber adecentado seis habitaciones y de haberse propuesto devolverle al palacio francés el esplendor que conoció en el siglo XIX.
El Château de Rastignac está rodeado de historia. Los hechos más graves ocurrieron en 1944, cuando las tropas alemanas prendieron fuego al edificio: ardieron los techos y las moquetas, se desconcharon las paredes, se vinieron abajo varios techos y pilares. Querían vengarse y no se marcharon con las manos vacías. Se llevaron casi todas las obras de arte que decoraban el edificio antes de que estallara la IIª Guerra Mundial: un botín de 32 lienzos, entre los que constan un autorretrato de Cézanne, un paisaje de Manet, varias pinturas de Bonnard y un cuadro de Pissarro. Nunca se tuvo noticia de su ubicación ni han aparecido pistas para localizarlas. Se supone que están colgadas clandestinamente en la colección particular de algún magnate. El tesoro de Rastignac constituye uno de los grandes misterios de la retirada nazi.
Las autoridades francesas declararon monumento histórico el castillo de Rastignac en 1946 y ayudaron en la restauración, que fue incompleta y circunstancial.
El castillo de Rastignac atrae no sólo por el parecido con la Casa Blanca, sino también por las historias de fantasmas y de mitos literarios que habitaron el palacio. El marqués de Rastignac no es solamente un personaje de ficción inventado por Balzac (La comedia humana). La bailarina Cléo de Mérode, rival histórica de Sara Bernhardt sobre el escenario de la Bélle Epoque, vivió entre estas paredes para alejarse del jaleo mundano.
Medio siglo después, los turistas americanos que visitan la zona de Burdeos, aparte del vino y el foie típicos, pueden encontrarse con un espejismo en piedra esperando la aparición del fantasma de Jefferson.
2 comentarios:
Hay que ver la de cosas que sabes, me quedo anonanado. Aunque suene cruel, y admitiendo que lo es, si por mi fuera, aquel avión abatido que por lo visto iba hacia la casa blanca era el que más morbo me daba, los demás se los podrían haber ahorrado.
Lo del edificio francés lo escuché en las noticias y, la verdad, es que me llamó la atención.
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