
La primera vez que vi esta película fue en Madrid, en un cine de Callao. Entonces no me había leído aún la trilogía escrita por Bernard Cornwell, que desmitificaba la figura del rey Arturo.
Según el historiador, Arturo nunca fue rey. Evidentemente es una leyenda. No se sabe a ciencia cierta si tras la marcha del Imperio Romano hubo un hombre cuya fama llegaría tan lejos.
La película desvaría mucho, sobre todo en el triángulo Arturo - Ginebra - Lancelot. Nunca Lancelot podría haber muerto en combate pues, así como en muchos casos se le tilda de un valor incalculable, casi tanto como a Arturo, yo prefiero aquellas versiones que le describen como el cobarde que huía de las batallas. Arturo confió en él como si fuera de su propia sangre, hasta que descubrió la traición de Ginebra.
Esta mujer de cabellos rojos como a fuego, como se le representa en la mayoría de los sitios, y de una belleza espectacular, es descubierta por Arturo en el momento en que iba a pedir la mano de la hija de uno de los líderes britanos del norte. Y de inmediato se enamora de ella, dejando de lado a la despechada princesa.
Ginebra era una arpía y una mujer adelantada a su época. Creía en dioses paganos y, cosa extraña, profesaba una fe ciega a la diosa egipcia Isis. Bien pronto utilizó a Lancelot para copular con él en esos ritos sagrados y de índole sectaria. Un día, en medio de un ritual de estos, les encuentra Arturo. Enamorado de ella decide, en vez de matarla, recluirla en un convento y, lejos de perdonarla, la verá como una proscrita que se terminará arrepintiendo de su error y acabará implorando el perdón a Arturo, que la siguió protegiendo desde la sombra.
En la película, Arturo y Ginebra se casan al final, con Lancelot muerto, hecho que se aleja demasiado de la inmensa mayoría de las leyendas.
Lancelot era hijo de los reyes que tenían su magnífica fortaleza en una isla de la región bretona, en la Galia; se había educado en la riqueza más exacerbada y estaba acostumbrado a los máximos placeres. Era pues enemigo de las batallas, pero un día tuvo que partir junto a Arturo.
Arturo nunca derrotó a los sajones. Les hizo volver sobre sus pies muchas veces, pero ellos volvían con renovadas energías a invadir los territorios britanos. Jamás pudo con ellos, incluso hubo épocas de relativa paz, con pactos temporales, que generalmente era quebrantado por la parte sajona. Arturo quería una Britania unida y casi lo consiguió, con la gran ayuda del mago Merlín que, por cierto, en la película aparece en un plano muy secundario.
Merlín y Arturo fueron muy amigos porque buscaban el mismo objetivo. Ahora bien, al terminar la película, una pregunta ronda por mi cabeza: ¿dónde está Morgana?
La hermanastra de Arturo no aparece por ningún sitio. Y tiene gran importancia en las leyendas artúricas.
Otra cosa que pongo en duda es la admiración que profesa Arturo a su padre, el difunto rey Pendragón. Arturo era el hijo bastardo del último rey que había conseguido mantener a todas las tribus britanas unidas, pero su padre nunca le reconoció y no quería que Arturo reinara, a pesar de que el pueblo adoraba al hijo bastardo.
En los umbrales de la muerte, Pendragón vio nacer a su último hijo varón, a quien proclara rey. Pero hasta la edad en que el niño pueda optar a la Corona, su vida se pone en manos de unos caballeros, que le protegerán con su vida. Es el momento de que Arturo vuelva del exilio pues es uno de los caballeros designados para proteger al joven príncipe.
La mesa redonda también está cargada de simbología. Si bien es el instrumento que vela por la igualdad de todos los caballeros, incluido el "rey", se le da dotado, con el paso de los siglos, de un halo mágico indescriptible.
Según la leyenda, se creó una especie de sociedad secreta para caballeros. A la hora de jurar lealtad a esa sociedad, están todos en un banquete, obnubilados por el alcohol. Arturo les reúne a todos para el juramento, que se hace en una mesa de piebra del jardín, rota, manchada de alcohol y comida, eso sí, redonda. Ése es el supuesto origen de la mesa redonda que acompañó siempre a los caballeros de Arturo.
Tampoco se le da mucha importancia a Excalibur, la espada sacada de la piedra. Excalibur era uno de los tesoros mágicos britanos. Merlín sabía dónde estaban todos los tesoros, pues en buena hora los había repartido y escondido por toda la isla de Britania y que, reunidos nuevamente, volverían a atraer a los antiguos dioses celtas, que parecían haberles abandonado ante la amenaza del expansivo Cristianismo.
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