
Tati, estudiante de filología portuguesa en mi facultad, me había aconsejado ver esta película hace unos años. No la hice caso, bien porque siempre digo que sí y lo voy dejando o simplemente porque se me pasó. Ahora me pregunto por qué esperé tanto tiempo a verla.
Es otro peliculón, dotado de un gran realismo (también se basa en hechos reales) y hace saltar a la palestra la vida de corrupcion en los suburbios de Río de Janeiro.
Cuando me dicen que en los países sudamericanos van con pistolas por la calle me resulta increíble, así que en el primer momento que vi un niño con un revólver en la mano di un respingo.
Muchos jóvenes brasileños no tienen más salidas en el futuro que el crimen. Pero ¿qué futuro? Se quedan muchas vidas por el camino. Viven el presente sin tener en cuenta que podría existir una vida mejor, aunque para ellos sea una especie de utopía. Un día cualquiera puedes salir de casa y no regresar jamás.
Yo pensaba que una fabela era una chabola, pero la chabola es "favela" con V. La fabela, con B, la verdadera protagonista de esta película, es un barrio marginal de Río de Janeiro, y con estas últimas palabras digo todo.
Buscapé, Bené, Alicate, Cabeleira, Zé Pequeño, Mané Galinha, Sandro Cenovra, Cabeçao, Angélica... viven en Ciudad de Dios, una fabela de las afueras de Río: sin asfaltar, sin agua caliente ni electricidad intentan sobrevivir a los designios que la vida les ha impuesto. Pero sólo hay un camino para salir adelante: la corrupción, impuesta desde que son unos niños.
Y allí, en aquel mundo perdido de las manos de Dios, hay un jefe (Zé Pequeño), cruel y sanguinario, se ha hecho con el control de todo lo que entra y sale de la zona, se ha hecho con el control de los alijos de la droga, que distribuye a diestro y siniestro por toda la región. Su gran enemigo es Cenovra, que quiere hacerse con el control.
Lo que en principio iba a ser una venganza termina convirtiéndose en una lucha a mano armada en las calles de la fabela, donde la policía también entra a formar parte del juego, pues ellos también se benefician con la compra-venta clandestina de armas a las bandas.
La historia de Ciudad de Dios la cuenta Buscapé, que quiere salir de ese mundo marginal de una manera decente. Encuenta su pasión en la fotografía y, gracias a esta vocación, entrará a formar parte de la plantilla de un periódico que terminará comprándole las primeras fotos.
Es otro peliculón, dotado de un gran realismo (también se basa en hechos reales) y hace saltar a la palestra la vida de corrupcion en los suburbios de Río de Janeiro.
Cuando me dicen que en los países sudamericanos van con pistolas por la calle me resulta increíble, así que en el primer momento que vi un niño con un revólver en la mano di un respingo.
Muchos jóvenes brasileños no tienen más salidas en el futuro que el crimen. Pero ¿qué futuro? Se quedan muchas vidas por el camino. Viven el presente sin tener en cuenta que podría existir una vida mejor, aunque para ellos sea una especie de utopía. Un día cualquiera puedes salir de casa y no regresar jamás.
Yo pensaba que una fabela era una chabola, pero la chabola es "favela" con V. La fabela, con B, la verdadera protagonista de esta película, es un barrio marginal de Río de Janeiro, y con estas últimas palabras digo todo.
Buscapé, Bené, Alicate, Cabeleira, Zé Pequeño, Mané Galinha, Sandro Cenovra, Cabeçao, Angélica... viven en Ciudad de Dios, una fabela de las afueras de Río: sin asfaltar, sin agua caliente ni electricidad intentan sobrevivir a los designios que la vida les ha impuesto. Pero sólo hay un camino para salir adelante: la corrupción, impuesta desde que son unos niños.
Y allí, en aquel mundo perdido de las manos de Dios, hay un jefe (Zé Pequeño), cruel y sanguinario, se ha hecho con el control de todo lo que entra y sale de la zona, se ha hecho con el control de los alijos de la droga, que distribuye a diestro y siniestro por toda la región. Su gran enemigo es Cenovra, que quiere hacerse con el control.
Lo que en principio iba a ser una venganza termina convirtiéndose en una lucha a mano armada en las calles de la fabela, donde la policía también entra a formar parte del juego, pues ellos también se benefician con la compra-venta clandestina de armas a las bandas.
La historia de Ciudad de Dios la cuenta Buscapé, que quiere salir de ese mundo marginal de una manera decente. Encuenta su pasión en la fotografía y, gracias a esta vocación, entrará a formar parte de la plantilla de un periódico que terminará comprándole las primeras fotos.
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