
Un campesino, que se ganaba la vida con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que le ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.
El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate.
Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo allí mismo. Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal, éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo.
Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.
Si estás "allá abajo", sintiéndote poco valorado y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.
El papel del caballo en el desarrollo de las civilizaciones le ha granjeado un rico y complejo simbolismo. Sus representaciones aluden a su identificación con las fuerzas de la naturaleza (incluyendo las de la vida), el diálogo que establece con el jinete (en ocasiones ambos comparten actitudes o comportamientos) y su condición de montura (que lo asocia a las nociones de viaje).
Como combinación de todas estas ideas, el caballo protagonizó en diferentes culturas leyendas en las que aparecía como portador de la vida y la muerte, y en relación con los simbolismos del fuego y el agua. Así, tanto en el cercano Oriente como en Europa se habla de fuentes nacidas de la pezuña de un équido (como sucede con Pegaso).
Los mismos motivos condujeron a que se le mencionara frecuentemente como aquél que conducía el alma de los muertos a su morada en el más allá. Este caso es muy común entre los pueblos de las estepas asiáticas. En la tradición occidental el caballo guarda alguna reminiscencia de este sentido, ya que desde el mundo clásico hasta hoy en día ha sido empleado como profecía de muerte.
Pero el caballo también es montura de las grandes potencias naturales. En muchas mitologías, por ejemplo, aparece tirando del carro del Sol, como ocurre en menciones egipcias, griegas, bíblicas, budistas e hindúes. Cuando esto sucede, el animal llega a participar de las propiedades del astro hasta ser manifestación de la iluminación física y espiritual que él provee. Igual que puede tirar del Sol, puede ser montura de los grandes dioses o se sus enviados (como es el caso de los jinetes del Apocalipsis).
Todas estas ideas pueden ser humanizadas en muchos casos, por lo que encontramos al caballo como símbolo de los impulsos y las fuerzas naturales del hombre. De aquí surgen los míticos seres que participan de la naturaleza de equinos y humanos, como sucede con los centauros clásicos. La sublimación espiritual de estos instintos quedaría representada por Pegaso, el caballo alado de la mitología griega.
Se debe mencionar también cómo esa humanización del equino conduce a rituales de iniciación, de penetración en los secretos de la naturaleza, en los que el hombre se convierte en un caballo que espera ser dominado por el espíritu de los dioses. Esta concepción se da con cierta frecuencia en los pueblos de África y de Oriente Medio.
Cuando se identifica a este animal con los impulsos humanos puede hacerse desde un punto de vista positivo, haciendo de él la fuerza, vitalidad e impetuosidad, o negativo, como encarnación de la lujuria y el descontrol.
Además de lo mencionado, el valor del caballo, tanto económico como simbólico, le convierten en un preciado animal de sacrificio. En Roma, por ejemplo, se le sacrificó a Marte, dios violento por excelencia.
Por último, queda decir que la representación puede estar condicionada por el color del animal. Así, por ejemplo, el caballo blanco sugiere ideas de pureza y espiritualización, mientras que el negro es el más empleado cuando se le relaciona con la muerte.
Hablo de los caballos porque ayer salió el tema mientras hablaba con alguien y quería saber las virtudes que tiene este animal, aparte de la fuerza y la nobleza. Y además porque también me he acordado de ese cuento, que es una buena dosis de energía positiva para alguien que esté desmoralizado.
El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate.
Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo allí mismo. Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal, éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo.
Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.
Si estás "allá abajo", sintiéndote poco valorado y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.
El papel del caballo en el desarrollo de las civilizaciones le ha granjeado un rico y complejo simbolismo. Sus representaciones aluden a su identificación con las fuerzas de la naturaleza (incluyendo las de la vida), el diálogo que establece con el jinete (en ocasiones ambos comparten actitudes o comportamientos) y su condición de montura (que lo asocia a las nociones de viaje).
Como combinación de todas estas ideas, el caballo protagonizó en diferentes culturas leyendas en las que aparecía como portador de la vida y la muerte, y en relación con los simbolismos del fuego y el agua. Así, tanto en el cercano Oriente como en Europa se habla de fuentes nacidas de la pezuña de un équido (como sucede con Pegaso).
Los mismos motivos condujeron a que se le mencionara frecuentemente como aquél que conducía el alma de los muertos a su morada en el más allá. Este caso es muy común entre los pueblos de las estepas asiáticas. En la tradición occidental el caballo guarda alguna reminiscencia de este sentido, ya que desde el mundo clásico hasta hoy en día ha sido empleado como profecía de muerte.
Pero el caballo también es montura de las grandes potencias naturales. En muchas mitologías, por ejemplo, aparece tirando del carro del Sol, como ocurre en menciones egipcias, griegas, bíblicas, budistas e hindúes. Cuando esto sucede, el animal llega a participar de las propiedades del astro hasta ser manifestación de la iluminación física y espiritual que él provee. Igual que puede tirar del Sol, puede ser montura de los grandes dioses o se sus enviados (como es el caso de los jinetes del Apocalipsis).
Todas estas ideas pueden ser humanizadas en muchos casos, por lo que encontramos al caballo como símbolo de los impulsos y las fuerzas naturales del hombre. De aquí surgen los míticos seres que participan de la naturaleza de equinos y humanos, como sucede con los centauros clásicos. La sublimación espiritual de estos instintos quedaría representada por Pegaso, el caballo alado de la mitología griega.
Se debe mencionar también cómo esa humanización del equino conduce a rituales de iniciación, de penetración en los secretos de la naturaleza, en los que el hombre se convierte en un caballo que espera ser dominado por el espíritu de los dioses. Esta concepción se da con cierta frecuencia en los pueblos de África y de Oriente Medio.
Cuando se identifica a este animal con los impulsos humanos puede hacerse desde un punto de vista positivo, haciendo de él la fuerza, vitalidad e impetuosidad, o negativo, como encarnación de la lujuria y el descontrol.
Además de lo mencionado, el valor del caballo, tanto económico como simbólico, le convierten en un preciado animal de sacrificio. En Roma, por ejemplo, se le sacrificó a Marte, dios violento por excelencia.
Por último, queda decir que la representación puede estar condicionada por el color del animal. Así, por ejemplo, el caballo blanco sugiere ideas de pureza y espiritualización, mientras que el negro es el más empleado cuando se le relaciona con la muerte.
Hablo de los caballos porque ayer salió el tema mientras hablaba con alguien y quería saber las virtudes que tiene este animal, aparte de la fuerza y la nobleza. Y además porque también me he acordado de ese cuento, que es una buena dosis de energía positiva para alguien que esté desmoralizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario