martes, enero 23, 2007

¿Dónde está mi madre?


Hay historias estremecedoras. Ésta es una de ellas. Está sacada del libro que reposa sobre mi mesilla en estos momentos, cuyo título no voy a decir por ahora.

Es la historia de dos niños, de seis y ocho años, a quienes el destino les ha unido en las calles de la Barcelona del siglo XIV. Las circunstancias hacen que terminen recorriendo todas las plazas e iglesias de la ciudad condal en busca de su madre.
El niño de ocho años vive con su padre. Sus tíos, por caridad, les dan cobijo a los dos, mientras que ayudan en el taller de alfarería donde viven. El chico había preguntado muchas veces dónde estaba su madre. Su progenitor no podía, en esos momentos, decirle la verdad. Así que le contó una historia:
"Tu madre es la Virgen María, que está en el cielo. Te observa desde allí y, cuando quieras hablar con ella, siempre puedes hacerle llegar el mensaje a través de los pájaros que tengas cerca de ti, que se posen a tu lado. Y si la quieres ver, siempre puedes encontrarla en cualquier iglesia".
El niño de seis años nunca ha visto a su madre. Se comunica con ella a través de un ventanuco, desde donde ella le acaricia la cabeza. Su padre la ha encerrado en un cubículo y no puede salir de ahí. Cometió adulterio (cosa que el hijo no entendería) y así era la ley en la Barcelona de la época.
Entonces es cuando el niño mayor le cuenta al otro la historia de la Virgen María. Y el benjamín le dice que conoce una iglesia, que deben ir a ver a su madre, porque ahora es la madre de los dos. Juntos se dirigen a la catedral, donde les echan sin aspavientos. Preguntan por iglesias, pero ninguna es la de la Virgen María. Son todas de santos varones: San Miquel, San Juan, San Pablo...
Después de un rato, llegan junto al mar, donde ven una basílica blanca, que está rodeada de andamios. Les llama la atención la blancura y la belleza de la iglesia. Los obreros llevan piedras inmensas en sus espaldas. Se acercan a un hombre que porta una piedra y le preguntan el nombre de la iglesia. Él les contesta: "Es la iglesia de Nuestra Señora del Mar, la Virgen María". Los chiquillos se abrazan de alegría, pues al final habían encontrado la tan ansiada iglesia. Ahora sólo tenían que entrar dentro y hablar con la Virgen. El sacerdote les anima a que vayan siempre que quieran. Los dos niños están rebosantes de felicidad porque al final han encontrado a su madre.

Me llamó la atención la historia por la ternura con que se cuenta, por esa inocencia infantil que todos hemos poseído alguna vez. Esto es como volver a revivir un momento de la infancia, quizás por eso me gustó tanto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me recuerda en cierto modo a mi situacion cuando contaba con 6 años. Cuando quieras te lo cuento, pero por privado.

K dijo...

Vale, cualquier día te preguntaré :D