Mi hermano pequeño ha estado en Ámsterdam estos últimos cuatro días. Era la primera vez que cogía un avión y creo que la segunda que sale de España (la primera fue en coche a Portugal). Ha llegado tan emocionado que sólo tenía oídos para todo lo que tenía que contar. Quizás porque yo aún no he visitado Holanda, pero sobre todo porque me he visto en un espejo, ya que cuando vuelvo de cualquier viaje me da la sensación de que cuando cuento algo lo estoy reviviendo, igual que mi hermano esta noche.
El miércoles le metí miedo con el aeropuerto, le dije que le iban a quitar casi toda la ropa en el control policial. Se lo decía en broma, pero parece ser que en Barajas le dejaron únicamente con la camiseta y el pantalón, amén del cacheo al que se vio sometido.
Cuando ha llegado les ha dicho a mis padres: "En cuanto haya un fin de semana largo me voy con mi hermana a cualquier ciudad europea". Mentalmente he recordado el calendario: el 19 de marzo cae lunes y es fiesta, pero ese fin de semana no puedo marcharme. El siguiente fin de semana largo es Semana Santa. Entonces se lo he dicho: "Vamos a Londres en Semana Santa, de jueves a domingo". Me ha dicho que de acuerdo. Se lo volveré a preguntar esta semana. Si le veo seguro reservaré, en unos pocos días, billetes y alojamiento, ya que en Semana Santa se mueve mucha gente.
De Londres conozco únicamente el aeropuerto y ya va siendo hora de hacer una visita en condiciones. Si mi hermano no cambia de opinión nos vamos. Si cambia de opinión me marcho yo sola. La verdad es que me apetece. Llevo demasiados meses sin moverme del sitio y en cierto modo, cuando he pensado en moverme, aunque sólo sean cuatro días, he sentido que volvía a respirar.
Como es natural, me prepararé yo misma ese viaje a Londres.
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