Últimamente peco de remolona. Me cuesta ponerme delante de la pantalla para escribir cuando tengo tiempo para hacerlo y en el resto del día apenas respiro.
Cada día sin él es como una montaña muy alta, a medida que voy ascendiendo me cuesta más respirar. Necesito aire y ese aire sólo podría venir con él. Como la magia. Llevo tantos días sin verle que me resulta asfixiante, aunque sé de él de vez en cuando. Hay períodos en que nos vemos todos los días, incluso varias veces en un día, y períodos donde apenas coincidimos. Ahora estoy pasando por uno de esos períodos en que los planetas se han puesto de acuerdo para que no me cruce con él al azar.
¿Y si me olvidara de las dulces facciones de su rostro? Esta pregunta es utópica, porque es imposible olvidarme de un ángel que deja una huella tan profunda. Me pregunto dónde estará. Me gustaría encontrarme con él tan sólo para mirar esos ojos perfectos, para encontrar en ellos de nuevo todas las cosas buenas del mundo, para escuchar esa voz tan sensual. Y para sentirme abrazada por su magia, para sonreír durante horas, para tener esa sensación de que todo lo que me rodea siempre es perfecto cuando él aparece.
Le quiero tanto...
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