domingo, febrero 05, 2012

Los asesinos del emperador


Cuando estudiaba Historia de España en el colegio, una de las partes que menos me gustaban era la Historia de Roma, quizás por toda la complejidad de un imperio que ocupaba casi toda Europa y zonas de Asia y África, pero sobre todo porque había de estudiarme toda esa profusión de palabras complejas, muchas en latín, con que se designaban los diferentes elementos de ese entramado político, social, bélico y familiar que habían formado nada menos que un imperio que duró muchos siglos, y cuyo legado podemos ver aún en nuestros días.
No me gustaba estudiar la Antigua Roma porque tenía que emplear el doble de tiempo que para otras civilizaciones, al ser tan amplio todo aquello que abarcó el Imperio (cuando hablo del Imperio Romano, también me refiero a la previa República; es un modo de designar, de algún modo, este amplio período). Y, sin embargo, siempre he sentido curiosidad insaciable por esta cultura, quizás porque hoy somos testigos directos de mucho de lo que hicieron y que ha perdurado hasta nuestros días, aunque también porque para formarse aquel Imperio tan complejo fueron necesarios muchos arquitectos, ingenieros, estrategas, abogados, políticos y una amplia red de individuos que no pueden dejar de sorprendernos. Tenían que tener muy buenos arquitectos para levantar un anfiteatro como el Coliseo (21 siglos después aún se puede contemplar en la capital italiana); ingenieros para, por ejemplo, suministrar agua a las ciudades, dejando mella en ciudades como Segovia o Mérida, donde sus acueductos aún siguen en pie, y por donde podría aún circular el agua de suministro a las ciudades, según dicen los expertos actuales; estrategas que ampliaran el Imperio hasta Siria, para asediar y terminar conquistando Jerusalén, para conquistar Alemania y la Europa del Este, así como Gran Bretaña y el Norte de África, lugares todos ellos donde todavía hoy se pueden contemplar los restos romanos; abogados, pues en un Imperio creciente había muchos crímenes, así que los romanos inventaron un sistema para poder juzgar a aquellos individuos que habían cometido delitos (no en vano hoy en día en las Facultades de Derecho hay una asignatura que se llama Derecho Romano); políticos, pues muchas de nuestras democracias son herencia directa del sistema político romano, con su Senado y su Primer Ministro (éste vendría a ser el emperador en la Antigua Roma, siempre respaldado por el Senado, que votaba democráticamente).

Durante 35 años de Historia, se suceden en el Imperio Romano nueve emperadores diferentes: Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito, Domiciano, Nerva y Trajano. Esta novela nos muestra facetas de esa época desde que Nerón se ve obligado a escapar a través del suicidio, hasta el nombramiento de Trajano como emperador.
En aquella época, era impensable que un hombre no nacido en Roma, y ni siquiera en Italia, pudiera llegar a ser emperador. Ni siquiera las provincias hispanas contaban en aquel entonces con la ciudadanía romana.
Marco Ulpio Trajano había nacido en Itálica (cerca de Sevilla), fue cónsul, legatus augusti en las fronteras del Rin y del Danubio, estuvo en el asedio y posterior conquista de Jerusalén junto al César Tito, tenía numerosas condecoraciones como guerrero ejemplar y su figura era respetada por todas las legiones desde todos los confines del Imperio. Trajano es el primer emperador romano de origen hispano de la Historia.

La novela comienza con un capítulo donde se describe el asesinato del emperador Domiciano. Más tarde, casi al final, las páginas del libro retomarán este capítulo. Si bien los primeros emperadores tras Nerón apenas nos dejan unos pocos brochazos de lo que fue su reinado, es interesante pararse en Vespasiano, de la Dinastía Flavia. Éste se encontraba asediando Jerusalén con su hijo Tito cuando recibe el mensaje de que ha sido nombrado emperador por el Senado y tiene que regresar a Roma. Deja a su hijo Tito terminando la batalla contra los judíos, mientras que el nuevo emperador acude raudo a Roma para hacerse cargo del poder que le han conferido. Se dice de él que fue un emperador magnánimo, querido por el pueblo. Allí tenía otro hijo más joven, Domiciano, que ya desde muy niño ansiaba ser emperador. Domiciano se encaprichó de una mujer patricia que ya estaba casada, Domicia Longina, hija del general Corbulón (obligado a suicidarse por el emperador Nerón).
Tito volverá cubierto de gloria a Roma y se convertirá en la mano derecha del emperador Vespasiano, su padre, que ha nombrado Césares a sus dos hijos varones. Durante el Imperio de Vespasiano, las fronteras se mantienen en paz, con un Trajano en Germania, al que ya se le conoce como “el Guardián del Rin”. En esta época comienza a construirse el Anfiteatro Flavio (Coliseo) el mayor anfiteatro del mundo. Cuando Tito se convierte en emperador, su hermano se mantiene alejado, pero la novela insinúa que fue envenenado y que Domiciano le dejó morir.
Domiciano asciende al poder sin haber hecho ningún mérito, como muchas veces le recuerda su esposa Domicia Longina, que se ha dado cuenta de la depravación de su marido. Sabe que su marido sólo desea insuflarle miedo, terror, dolor, y ella le odia, pero espera durante años la venganza.
Domiciano se convierte en un tirano, que desconfiado de todo y todos, derrocha el dinero del Imperio para pagar a la guardia pretoriana para que le proteja de cualquier enemigo, pero sobre todo manda asesinar a cualquiera que pudiera resultar una amenaza para su Imperio, generalmente son personas sobresalientes en las fronteras que, por ganar varias batallas, se convierten en enemigos del emperador. Domiciano está cada día más loco y cualquiera podría ser el siguiente para enviar al patíbulo.
Entonces, Partenio, el consejero imperial, empieza a formar el entramado de piezas con las que creará una conjura para asesinar al emperador loco. Tiene que encontrar a unos hombres que sean capaces de enfrentarse a los guardias petrorianos que defienden la figura imperial y que siempre le rodean. Esos hombres los encuentra en los gladiadores.

Marcio, el mejor gladiador de Roma en el año 96 d. C., había sido obligado a enfrentarse en la arena del anfiteatro junto a su mejor amigo, Atilio, en una lucha a muerte, y el emperador Domiciano, que ya se considera un dios en vida, manda asesinar. Desde entonces Marcio le guarda cierto rencor, así que no le importará mucho la venganza del que le mandó asesinar a su mejor amigo. Recluta a varios gladiadores que le ayudarán en la conjura. Para entrar en el palacio de Domus Flavia, residencia real, cuentan con el pasadizo secreto que comienza en el hipódromo y termina en las habitaciones reales de la emperatriz, que está dispuesta a darles acceso para que terminen con la vida del hombre que ha convertido su propia vida en una tortura. Partenio convence además a un jefe del petrorio, Petronio, para que rebaje la guardia alrededor del hipódromo, a espaldas del otro jefe del petrorio, Norbano, que es un fiel seguidor de Domiciano. Según la novela, quien empuña la daga que termina con la vida de Domiciano es su esposa Domicia Longina.
Entre los senadores votan a Nerva como emperador tras la muerte de Domiciano, pero es un hombre débil. Norbano y Casperio, que sustituye a Petronio como segundo jefe del petrorio, buscan a los culpables del asesinato de Domiciano y torturan a todos ellos. Sólo Marcio el gladiador y la gladiatrix Alana consiguen escapar de Roma en dirección a las tierras del norte, donde había nacido ella. También Domicia Longina consigue escapar como conjurada.
El emperador Nerva, al ver que el Imperio se desintegra lentamente, nombra a Trajano como hijo adoptivo, César y tribuno. Al nombrarlo hijo adoptivo y ser respaldada su decisión por el Senado, Trajano podrá llegar a ser emperador y cambiar el rumbo de la historia, pese a ser un emperador extranjero.
El libro termina con la primera audiencia de Trajano en Roma, tras haber asentado las fronteras en el Danubio y el Rin, haber pactado con Nigrino, al frente de las legiones de Siria, y haber acabado con los jefes del petrorio, Norbano y Casperio.

Es un libro increíblemente emocionante. También lo tengo firmado por el autor. Tiene más de 1.100 páginas. Siempre he pensado que los libros largos cuentan buenas historias que no te saben a poco. Éste no iba a ser menos.

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