La nieve está bien siempre que se vea a través de la
ventana, como ahora. Sabiendo que está helando pero yo me encuentro al abrigo
de los muros de casa, junto al calor que llega desde un radiador cercano.
La única manera que existiría para que me gustara la nieve
es si caminara junto a él, en esa calle solitaria, vacía, silenciosa. Y aun
así, preferiría estar abrazada a él frente a una chimenea mientras nieva fuera
o con el edredón hasta la nariz escuchando al lado su respiración.
Esta tarde he estado hablando con alguien cercano a él,
alguien que posiblemente esté con él ahora. No me atrevo a preguntarle. Esa
pregunta siempre se queda silenciosa en mis labios, aunque me gustaría saber de
él.
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