viernes, febrero 10, 2012

Ein Milchkaffee, bitte


Cuando le vi la primera vez, supe que ésos iban a ser los cafés más dulces. Entonces cambié el enlace del blog, a propósito de unos cafés cuya atracción única y exclusivamente estaba en él. Como un imán, cada día a las doce, hace dos años largos, me dirigía a ese encuentro mágico, donde una persona a la que no conocía me atraía tanto que me resultaba terrible el día en que no le veía.
Pasaron los meses y la atracción crecía. Él se encontraba ajeno a mis miradas, nunca miraba a su alrededor, entonces tuve que dar un paso más, porque la curiosidad hizo eco en mí: tenía que saber quién era, su nombre, a quién pertenecía esa mirada angelical, tan profunda que era un imán para mí. Recuerdo que entonces me resultaba ya difícil no mirar en su dirección. En mi fuero interno, una vocecita me susurraba que me encontraba ante un ángel, ante una persona demasiado especial.
Y así fue.

Hoy voy al café un rato antes. No para no coincidir con él, pues los cafés sin él se han convertido en amargos, pero ahora me siento más vulnerable, ahora sé que podría ruborizarme cuando sus ojos se posen en mí, de forma inesperada. Ahora estoy enamoradísima. Y sí, hace tres años mi intuición no falló: aquella persona que me atrajo desde un primer momento con esa mirada profunda y perfecta es alguien muy especial.

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