Llegué tan cansada a casa que lo que menos me apetecía anoche era salir de fiesta. Pensé en él, claro que pensé en él y, al recordar su mirada angelical y su rostro perfecto, una parte de mí me impulsaba a coger el coche y marchar. Pero estar tres horas en la misma posición durante la tarde había hecho mella en mí y eso lo sentía por la noche.
Así que al final opté por quedarme en casa. Ahora, al pensarlo, me arrepiento un poco de haberme quedado, porque me hubiera gustado encontrarme con él.
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